viernes, 13 de mayo de 2016

EL SANTUARIO DE ALARCOS


 
Dibujo de Alarcos publicado en 1884 en el Semanario Pintoresco Español

A la distancia de unos cuantos kilómetros de esta metrópoli manchega, se levanta, con otros encadenado, un gigantesco cerro que allá en remotas edades sirvió de asiento a una belicosa ciudad de la región Oretana.

Ese cerro es el llamado de Alarcos; nombre heredado de la ciudad de referencia, destruida durante las seculares luchas entre la cruz y la media luna: y sobre su amplia meseta o vasta atalaya desde la cual se divisan los más lejanos horizontes, se eleva como única y sagrada reliquia de la que fue populosa urbe, el tan venerando e histórico santuario de Alarcos, cuyo templo es el único edificio que ha resistido, según rezan las tradiciones, a la ruina de la floreciente población, asolada por el feroz fanatismo mahometano.

La acción demoledora del tiempo no ha podido destruir con su piqueta poderosa... aquella ermita cercada de almenados muros, de sencilla al par que sólida construcción.

Según la Historia, Alarcos, (Larcuris), la antigua Alarcos, fue en aquellas edades teatro sangriento de una tristemente célebre batalla contra la morisma, en cuya dura refriega llevamos la peor parte, pues no se libraron del alfanje moruno otros cristianos, que los que se refugiaron en el templo y los que, rompiendo el cerco, lograron escapar de la ciudad asaltada.

La extensa zona de Alarcos donde, ora al descubierto, ora a flor de tierra, se tropieza con restos de cerámica, de obras de fábrica y de diversas cimentaciones; evoca mil recuerdos al viajero inteligente, y sobre todo al historiador y al arqueólogo, pues en esas vivientes ruinas, conjunto de fragmentos y montón de cosas que fueron; en ese maravilloso silabario... leen los doctos lo que de notable tuviera la ciudad destruida, y cómo era aquella civilización, aparte de otras investigaciones curiosas que instruyen y recrean el espíritu del observador.

Al contemplar el santuario, y el cerro, y los mil vestigios que atestiguan haber existido en aquellos guerreros tiempos, amplias fortalezas, fosos enormes y otras construcciones atrevidas levantadas para la guerra contra los pueblos invasores, no queda otro recurso que sentir admiración y gratitud hacia nuestros antepasados que heroicamente y por instinto de raza supieron defender hasta la muerte los bellos ideales de... patria y religión.


Flota en torno a la Virgen de Alarcos, una deliciosa y amorosa brisa de religiosidad y veneración que adormece el alma de los devotos que ascienden a la ermita a cumplir promesas ofrecidas en momentos de angustia, cuyos altares son objeto de peregrinación constante para muchos creyentes fervorosos, como lo prueba el gran número de exvotos que existen en el camarín de la Imagen, e infinidad de cuadros que acusan hechos conceptuados como milagrosos.

El elevado cerro de Alarcos, lugar donde se levanta el Santuario, cuya conservación está relegada a la munificencia del Ayuntamiento y el celo de los Mayordomos eclesiásticos... presenta un fantástico aspecto por sus empinadas cumbres y sus insondables abismos, ostentando como principal vegetación... el césped, el tomillo, la mejorana, el romero y otras plantas olorosas, que hacen de aquel sitio un paraje apetecible, poblando el ambiente de gratos y suaves perfumes.

Las cimas de esta cordillera se ven coronadas por una especie de crestería formada por multitud de escarpadas rocas, apareciendo desde lejos como gigantescas moles recostadas en aquellas alturas inaccesibles.

El roqueño solar de Alarcos, con sus recuerdos históricos y religiosos y las remembranzas de las épocas de dominaciones árabes, sobre que despierta infinidad de recuerdos a la generación presente, es un rico arsenal de noticias para las investigaciones de la ciencia arqueológica y una perenne fuente de inspiración para la narración y la leyenda.

Vida Manchega, Revista Ilustrada. Número 251, Ciudad Real 10 de mayo de 1920, página 7.


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