martes, 10 de mayo de 2016

UNA RÉPLICA DEL MONUMENTO DE DON QUIJOTE DE LA PLAZA DEL PILAR EN FILADELFIA (ESTADOS UNIDOS)



La idea de regalar una escultura del Quijote a la ciudad estadounidense de Filadelfia, surge en 1994 cuando una delegación de empresarios ciudadrealeños en misión comercial, comandada por el entonces presidente socialista de la Diputación Provincial, D. Francisco Ureña, se reunieron con el Alcalde de Filadelfia, D. Edward Rendell, y le comunicaron que tenían la intención de donar una escultura de Don Quijote, como símbolo de hermanamiento entre los pueblos y como gesto para potenciar el intercambio comercial.


La idea fue tomando forma y seria la Diputación Provincial quien asumiría el coste de la escultura, en la cual se invirtieron unos quince millones de las antiguas pesetas, unos 90.000 Euros actuales. Se decidió que la escultura fuera una réplica de Don Quijote de la Plaza del Pilar, por lo que la Diputación Provincial tuvo que encargar la obra en 1995 a su autor, el ciudadrealeño Joaquín García Donaire.

En la Nochebuena del año anteriormente reseñado, se tomaron los moldes del Quijote ciudadrealeño, terminándose la obra en marzo de 1996. Esta se realizó en la Fundición de los Hermanos Codina de Madrid, y la réplica que fue enviada a Estado Unidos, pesa 960 kilos, tiene 3,30 metros de alto por 1,80 de ancho y por 3 de largo.


La entrega de la escultura se hizo el 25 de septiembre de 1996, aprovechando la “Semana de Ciudad Real en Washington”, que organizó la Confederación Provincial de Empresarios (CEOE-CEPYME), y en la que participaron entre otros el Presidente de la Diputación, el popular D. Jesús Garrido Garrancho, y el Alcalde de Ciudad Real, D. Francisco Gil Ortega Rincón. La entrega de la escultura se realizó al Alcalde de Filadelfia, D. Edward Rendell, y  a parte de los empresarios manchegos en misión comercial y los políticos anteriormente reseñados, asistió su autor, D. Joaquín García Donaire.

La escultura se dijo que sería colocada entre las calles Segunday Girard Avenue en la Plaza Iberoamericana, que era uno de los últimos proyectos urbanísticos de Filadelfia en aquellos años, y que incluiría un Centro Comercial Internacional, siendo colocada en American Street en 1997, la puerta de entrada a un barrio formado por puertorriqueños de habla hispana.


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