jueves, 7 de julio de 2016

EL DICTAMEN DE LA ACADEMIA EN UN ESPACIO MEDIEVAL: LA TORRE DE LA CATEDRAL DE CIUDAD REAL (II)



El contrato consta de doce condiciones en las que se puede observar las propuestas académicas que determinaban la citada institución, y que reflejan por sí mismas una continuidad en las líneas constructivas de la arquitectura española en el período de la Ilustración.

En el desarrollo de las citadas condiciones se determinan pormenorizadamente modos, formas y elementos que han de conformar la nueva fábrica y cómo ésta se ha de desarrollar bajo la dirección del arquitecto D. Joaquín Romero (16), con la aprobación de la Academia y durante todo el periodo de construcción que abarca desde 1817 a 1835 (17).

El contrato estipula en la primera condición su ubicación que, según el citado documento debe ser “…el sitio más proporcionado, decoroso y seguro…(18). Destacamos que desde la primera condición el arquitecto determina, tanto en las cláusulas como en la traza, los postulados de la arquitectura academicista de tradición italiana que enlaza directamente con la tratadística del bajo renacimiento, tan en auge en el siglo XVIII (19).

Términos como “proporción” y “decoro” serán constantes en todo el proyecto a pesar de la omisión en el resto de las condiciones. La “proporción” queda perfectamente reflejada en el desarrollo armónico de los volúmenes que la configuran, y el “decoro” en la contención de la misma.

Se sitúa en el emplazamiento de la anterior, a la cual se le agrega el espacio ocupado por la Capilla del Descendimiento (20) situada entre la torre antigua y la escalera que conducía a las bóvedas, determinada también por el excesivo número de contrafuertes que rodeaba toda la iglesia. En la actualidad se puede observar tanto interior como exteriormente testigos de la anterior fábrica (21). Por ello comprobamos que la torre se encontraba enjarjada en el muro configurando un espacio medieval homogéneo.

La nueva torre, sin embargo, se independiza del espacio preexistente para remarcar la diferencia real y conceptual de la nueva fábrica academicista, aunque no se pierde en ningún momento los valores simbólicos ya señalados y que D. José Joaquín Troconiz (22) logra integrar en el nuevo proyecto.

Las grandes dimensiones de la Catedral obligan al arquitecto proyectista, a pesar de ser un proyecto de torre adosada, a ensamblar la zona del zócalo y el primer cuerpo con la fábrica para reforzar el empuje (23).

Se trata de una torre de planta cuadrada con zócalo, cuatro cuerpos y chapitel que la cubre.


La cimentación viene determinada por las condiciones segunda y tercera en las cuales se especifica que se abrirá la zanja dando dos pies más de línea en la parte exenta “…que lo demostrado en los diseños…(24) para así reforzar la zona que sufriría de forma más acusada los empujes de la fábrica (25). La profundidad debía ser de diez pies, medida alterable ya que el intento es llegar a terreno firme aún sobrepasando la citada profundidad, que será fija aunque se encontrase con anterioridad este requisito. Zanja que se rellenará de mampostería de hormigón compuesto por guijarros de almendrilla y mezcla de cal y arena en las proporciones óptimas para lograr la mayor solidez. Ello nos demuestra el conocimiento y utilización de la obra de Vitrubio (26).

El zócalo se describe en las condiciones cuarta y quinta, en las que se incide en el reforzamiento de la línea exterior por lo que se le da un pie más a esta zona. Sobre la cimentación, y para nivelar con la altura de la calle, se asentó una hilada de piedra caliza de la mejor calidad como base de las diez hiladas de sillería que conforman dicho zócalo.

Las hiladas deben tener “…solidez y ermosura, siendo cada ilada de un pie y medio de alto, proporcionando sea su travazon arreglada a la solidez y simetría…(27). Volvemos a encontrar los conceptos de “proporción y decoro” que regirán todo el proyecto.

La puerta de acceso a la torre, situada en el exterior de la Catedral, está formada por un hueco adintelado como especifica el contrato, aunque D. Joaquín Romero la modifica suprimiendo las molduras que debían llevar a las jambas y dintel. Este se sustituye por un gran dovelaje en consonancia con los diseños de Vignola y Palladio.

El primer cuerpo se fija en la condición sexta. Se asienta mediante un basamento moldurado sobre el zócalo, formado por un gran toro que es el nexo de unión entre ambos cuerpos marcando el sentido de uno respecto a otro. El citado cuerpo será de sillería almohadillada, que el arquitecto director consigue mediante el rehundido de la parte inferior de los sillares, modelo que se aleja del sistema clásico.

Cada cuerpo presenta un vano por cada una de las caras que la configuran. En el cuerpo primero estas ventanas se resaltan mediante un molduraje rectilíneo y bocel, consiguiéndose un profundo contraste, motivo que nos remite nuevamente a la tratadística renacentista (28) y que se recoge ampliamente en las edificaciones academicistas.

 
La torre en la actualidad

Los cuerpos segundo y tercero quedan fijados en la condición séptima, en la que se señala que deben tener las esquinas almohadilladas, con molduras lisas las ventanas y la imposta que divide ambos cuerpos. El tercer cuerpo se coronaría por una cornisa formada por bocel y la imposta, construyéndose todo ello en sillería; el lienzo de los paramentos y trasdoses de las esquinas se construirían con cal y ladrillo de la mejor calidad dejando el tiempo necesario para que fraguasen y se consolidasen.

D. Joaquín Romero, como arquitecto director, modificó el proyecto sustituyendo los paramentos de albañilería por sillares de piedra, mediante lo cual se consigue una mayor homogeneidad y se le da un mayor sentido del decoro. La ventana del segundo cuerpo sigue el modelo utilizado en el inferior y en la del tercero se optó por atenerse estrictamente al diseño dado por D. José Joaquín Troconiz. Estas modificaciones posiblemente motivaron el que las obras sufrieran un parón desde el mes de marzo de 1825 hasta el mes de mayo de 1826 (29).

Una nota característica del proyecto es la interrelación de los cuerpos segundo, tercero y cuarto mediante la línea continua de la parte interior de las esquinas que le da una mayor esbeltez y sentido de la proporción. Una resolución muy inteligente para remarcar esa proporcionalidad es la utilización de la disminución del tamaño de los esquinales.

A partir del segundo cuerpo nos encontramos que el desarrollo de la torre se independiza de la fábrica de la Catedral resultando un elemento autónomo en su concepción espacial.

El cuerpo de campanas se determina en la condición octava, especificándose que el zócalo, esquinas, fajas perpendiculares y horizontales, impostas, clave de los arcos y la cornisa que corona el cuerpo debían ser de piedra de sillería, colocadas a tizón como en toda la torre. El resto de la fábrica debería ser de albañilería de cal y ladrillo. En los huecos de campanas se pondría antepechos de balaustre de hierro.

La utilización de zócalo, esquinas, fajas, impostas y huecos abovedados dan como resultado que este cuerpo, importante por albergar las campanas, resulte el más decorado.

D. Joaquín Romero elimina en este cuerpo, como en los anteriores, los paramentos de albañilería, homogeneizando de esta forma todo el programa constructivo, haciéndose eco de la importancia que el arquitecto diseñador da en el proyecto a este cuerpo. Para resaltarlo moldura el arco, traza una gran cornisa y remarca la línea de impostas con lo cual consigue un efecto óptimo que nos aproxima al concepto serliano.

 
Puerta de acceso a la torre

El chapitel es estipula en la condición novena determinándose como se debe amarrar el chapitel “…se sentaran soleras de tercia, bien clavadas sobre nudillos de la misma madera que no excedan de tres pies de largo, sentando dos tirantes unidos, en cada lado o paramento de la torre, como demuestra el diseño, sobre unos tirantes, se sentara la cadena, con sus quatro quadrales que formen un octógono perfecto, que ha de servir de estrivo para embarrillar los pares, engatillando con fierro todos los angulos de la cadena, para impedir la huída de los cortes, si falta el apoyo de los pares, formando los Boardillos demostrados de las maderas correspondientes según su grueso, entablando la armadura y cubriéndola con las competentes Pizarras o plancha de plomo(30). Ateniéndonos a lo pormenorizado de la condición, observamos que sería un chapitel de tradición escurialense (31).

La linterna se fija en la condición décima. Sobre la última cadena del chapitel se colocaría la linterna de madera en la que irían colocadas las campanas del reloj, terminándose en un balaustre en que se engatillaría un barrón de hierro con la cruz y la veleta. Este cuerpo se cubriría con planchas de plomo.

Por cuestiones, para nosotros desconocidas, el chapitel y la linterna descritas permanecieron durante un espacio corto de tiempo, aproximadamente cincuenta años, ya que en el año 1895 se va a reformar (32).

Hoy en día el remate de la torre está compuesto por un octógono de ladrillo, cubierto por una cúpula que en el exterior se cubre con teja de cerámica vidriada bícroma, sobre la que se marcan unos pseudo-gallones de teja de cerámica de reflejo metálico, coronándose finalmente con una linterna de plomo.

La escalera de la torre se determina en la condición decimoprimera, señalando que debe asentarse sobre bases de piedra las cuatro almas de madera del mayor largo posible que unirán a la altura del descanso para mayor seguridad. Las huellas, puentes y peldaños serán de la misma madera. Llevará pasamanos y antepechos también en madera de tres pies y medio de altura.

La escalera que se conserva en la actualidad es una gran obra de arquitectura y carpintería que sigue fielmente el dictamen del arquitecto proyectista. Se desarrolla en el sentido de las agujas del reloj, iniciándose en la zona norte, a mano izquierda de la entrada; se compone de veinticinco tramos, de siete escalones cada uno más el descanso. Observamos el número siete como número simbólico utilizado de una forma recurrente.

En el hueco de la escalera advertimos como los vanos adintelados exteriores de las ventanas se convierten en abovedados.

 
Vista del interior de la torre

En la condición decimosegunda se estipula las responsabilidades que ha de cumplir el encargado de la obra, el cual debe atender y “…quedar en todo obligado, sugeto y ceñido a quanto sin apartarse en lo principal de la forma de los Diseños disponga, prescriba y mande en la construcción y materias de ella, el Arquitecto encargado de la Dirección de esta Obra, o el Profesor que le represente” (33).

Se hace gran hincapié en que el encargado de obras vigile la comprensión y ejecución de los “Diseños” y condiciones para que no se malogre la obra ni se pierda el sentido literal de las proposiciones.

Para este cargo, como anteriormente dijimos, es habilitado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando D. Joaquín Romero que será quien haga el seguimiento de la obra, con fiel exactitud excepto en las innovaciones que describíamos anteriormente y que dan una mayor armonía, homogeneidad y belleza a la obra.

D. José Joaquín Troconiz marca el costo de la torre que ascendía a la cantidad de novecientos cincuenta y ocho mil treinta reales de vellón, advirtiendo que el profesor encargado de la obra debería consultar en caso de dudas y así cumplir mejor su cometido.

Los costes se debieron incrementar a lo largo de la construcción como se demuestra en las cuentas de fábrica al utilizarse como material de relleno entre las dos hiladas de sillares del muro, mampuesto acarreado de los derribos que se llevaron a cabo en la ampliación de la Plaza del Prado en 1821 (34).

Analizada la torre constatamos la adscripción de ésta a las corrientes, propuestas y dictamen de la Academia como se señala en la conclusión del contrato “Esta obra construida según las reglas del arte, y con arreglo a los Diseños que ha aprobado la Real Academia de San Fernando…(35) en lo cual se compendia la significación y valoración del clasicismo por los dictámenes académicos.

Mª Esther Almarcha Núñez-Herrador y Enrique Herrera Maldonado. Cuadernos de Estudios del Instituto de Estudios Manchegos. II Época, nº 23-24 (1999-2000)

 
Escalera de acceso a la torre

(16) En la documentación el director de obras D. Joaquín Romero aparece bajo la denominación de arquitecto o maestro de obras.
(17) Véase A.D.T. Sección: Reparos de Iglesias. Ciudad Real. Legajo Construcción de la Torre de la Iglesia de Santa María del Prado.
(18) Ibídem.
(19) En estos momentos se están revisando y reeditando los tratados más significativos de la teoría arquitectónica del renacimiento italiano por influjo de las estancias de los arquitectos en la Academia en Roma.
(20) Capilla que desaparece al construirse la nueva torre y con ella los enterramientos existentes en ella, al ser capilla de fundación privada.
(21) Como se puede ver en el paramento norte del tramo segundo.
(22) Del citado arquitecto no se ha encontrado en la bibliografía ningún tipo de referencia y debido a las limitaciones impuestas no hemos revisado el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el cual se debe encontrar material suficiente para elaborar una monografía.
(23) Redundamos en señalar que la Catedral posee una única nave cuyo vano es de grandes proporciones como además se remarca en la primera condición del proyecto.
(24) A.D.T. Sección: Reparos de Iglesias. Ciudad Real. Legajo Construcción de la Torre de la Iglesia de Santa María del Prado.
(25) Condición que no fue suficiente ya que en la actualidad ha sido restaurada por tal motivo mediante la técnica del “postensado”.
(26) Vitrubio. Los diez libros de arquitectura. Libro II, capítulos II y III.
(27) A.D.T. Sección: Reparos de Iglesias. Ciudad Real.
(28) Vignola y Pallado la utilizan recurrentemente en los diseños de sus tratados.
(29) A.D.T. Ibídem.
(30) A.D.T. Ibídem.
(31) El chapitel desapareció siendo sustituido por el actual.
(32) Balcázar y Sabariegos. P. 150. Existe documento gráfico y testimonio escrito.
(33) A.D.T. Ibídem.
(34) A.D.T. Ibídem.
(35) A.D.T. Ibídem.

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