lunes, 11 de mayo de 2015

LA “CASA DE LA REINA DOÑA BERENGUELA”


Berenguela I de Castilla, fue reina de Castilla en 1217 y consorte de León entre 1197 y 1204

Según la tradición y la historia, y también la opinión de ilustres cronistas ciudarrealeños, entre ellos, don Julián Alonso y don Emilio Bernabéu, la llamada pomposamente “Casa de la reina doña Berenguela”, es la situada en la morisca calle de la Lentejuela, rotulada con el número nueva. Casa en la actualidad en franca ruina, con una portada escudada en piedra caliza y dos ménsulas en los ángulos del pórtico, erosionados y maltrechos por la acción del tiempo y la desidia de los hombres.

Dicha casa, hará unos 60 años, según testigos presenciales, aún  conserva parte de su antiguo apresto; como un gran artesonado policromo de madera, destacándose los colores verdes, rojo bermellón y azules intensos. También existía, por esa época, una escalera a la derecha del zaguán, con balaustrada de piedra que conducía al piso superior, ya destruido y deshabitado.

Corría el año de gracia de 1245, los campos manchegos, estarían salpicados de flores primaverales, era el mes de abril. Campos casi sin cultivar, despoblados, talados y destruidos por las constantes correrías y algaradas, de cristianos y musulmanes, treintitantos años antes.

La anciana reina doña Berenguela, bajó del Norte, de la Castilla secular y austera. Tendría deseos de ver a su hijo, de conversar con el rey de León y Castilla, con don Fernando III, el futuro santo y conquistador de Sevilla. Hacía ya varios años que no se veían. Ella, la reina, presenta el final de sus días y se encontraba agobiada por las constantes presiones e intrigas de los grandes señores feudales, que no perdían ocasión de hostigar y socavar el poder y la autoridad real, aprovechándose de la ausencia del rey, que guerreaba en las tierras de Andalucía. Tampoco ignoraba ella, que su egregio hijo se encontraba gravemente enfermo, cansado de tanto batallar y prematuramente viejo.

Fernando III el Santo, que junto a su esposa Doña Juana y su madre la reina Doña Berenguela, realizaría las llamadas vistas en el entonces Pozuelo Seco en 1245 durante varias semanas

Doña Berenguela, era una mujer singular. La suerte le había sido adversa en muchas ocasiones. Ella, luchadora incansable y dama de excepcional talento, supo vencer los obstáculos más arduos y espinosos. Primero fue su boda poco afortunada, con su pariente lejano, el rey de León, don Alfonso IX, anulado a los siete años de verificarse las nupcias, por el Papa Inocencio II alegando consanguinidad y pecado de incesto. Después, la muerte en el 1217, de su hermano el rey de Castilla, Enrique I, el rey niño, muerto en Palencia en un desgraciado accidente. Más tarde el forcejeo con su marido, el rey de León, que pretendía arrebatarle la corona de Castilla a su propio hijo, el infante don Fernando, y por último la oposición abierta  o solapada de bastantes nobles feudales de los reinos de León y de Castilla, como por ejemplo, Álvaro de Lara. Ella, jamás se arredro. El carácter recio, de mujer indómita, se impondría con astucia, con diplomacia, o con halagos o dádivas, menos en su problema sentimental o intimo. No puede olvidar que es una pobre mujer, ofendida y repudiada, y el cariño de su hijo, el rey, es su único sostén y refugio.

La Mancha se hallaba en paz, desde hacía 33 años, concretamente desde la batalla de las Navas de Tolosa, año 1212. Fue el padre de doña Berenguela, precisamente el rey Alfonso VIII el derrotado y humillado en Alarcos en el 1195, quien impuso la paz y la victoria.

Pozuelo de Don Gil fue el lugar elegido para las famosas “vistas”, entre los dos egregios personajes. Aldea, que iba adquiriendo auge y preponderancia, gracias a los habitantes desplazados y huidos de la fortaleza de Alarcos y de Calatrava la Vieja. Éxodo y justificado, por la insalubridad de ambos reductos y traslado de los huestes y frailes a Calatrava la Nueva en el año 1217.

Dicen las crónicas medievales que el rey se hallaba en la ciudad de Córdoba, cuando recibió el mensaje de su augusta madre. Púsose en camino inmediatamente, acordándose el encuentro en el susodicho Pozuelo de Don Gil, que en aquellos años, ya veneraba a la Santísima Virgen, en la ermita del Prado, denominada “Restauradora de las dos Castillas, reina de las Batallas”.

Procedente de la primitiva ermita del Prado, existía en la catedral una campana de mucho valor histórico y arqueológico. Dicha campana conmemoraba la visita de estos dos personajes a Pozuelo de Don Gil. En el año 1967 fue refundida, e inexplicablemente no se volvió a grabar la antigua inscripción que tenia.

Puerta de la Madrasa/za que se encontraba en la calle Lentejuela del barrio de la Morería. En este lugar sitúa equivocadamente el autor del artículo, la residencia de Doña Berenguela y su hijo Don Fernando III cuando en 1245 estuvieron en el entonces Pozuelo Seco, hoy Ciudad Real. Digo equivocadamente, porque la casa conocida como de Doña Berenguela se encontraba en la calle de los Reyes

Dentro de poco tiempo desaparecerá la desportillada puerta y ruinosa casa, donde se alojara hace setecientos veintisiete años, la reina castellana y quizá toda la calle de Lentejuela, pues una constructora ha comprado parte de las cochambrosas y ruinosas casas. He aquí, el origen y justificación del presente artículo.

El cronista don Julián Alonso, aseguraba que en dicha casa, en la época más preponderante de la colonia morisca, estaba ubicada “La Madrisa” o escuela árabe y que las ménsulas que existen en los ángulos del dintel, son figuras de moros. Cosa absolutamente imposible, pues es sabido, que los mahometanos no esculpían figuras humanas, ni practicaban el arte de la pintura figurativa por prohibírselo su religión. Tampoco los conversos admitan las esculturas humanas ya que eran conversos por circunstancias especiales y no por convencimiento ni fe.

Resumiendo diré: La casa donde probablemente se celebró la famosa entrevista y en donde con toda seguridad se alojó la reina, desaparecerá un día de estos. Pretendo se haga eco de mis inquietudes, la comisión provincial de Monumentos; la señora directora de la Casa de Cultura, doña Isabel Pérez Varela, que tanto vela por estos menesteres, y las autoridades competentes, pretendo vuelvo a repetir, sean rescatadas las dos ménsulas de piedra que, en forma de cabezas humanas, existen en ambos lados de la portada, y que sean debidamente depositadas en la Casa de la Cultura, como recuerdo y testimonio perenne de un hecho histórico que aconteció en el siglo XIII, en Pozuelo Seco de Don Gil.

Tomás Fernández Pérez (Diario Lanza, jueves 27 de abril de 1972, página 5)

Relieves que tenia la puerta de entrada a la Madrasa/za, puerta desaparecida de la historia de nuestra ciudad, en los años setenta del pasado siglo XX, los intentos de Tomás Fernández de salvarlas no dieron su fruto, y la piqueta acabo con parte de la historia ciudadrealeña una vez más  


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