martes, 3 de enero de 2017

CERVANTES HACE APARECER A CIUDAD REAL Y MIGUELTURRA EN EL CAPITULO XLVII DEL QUIJOTE



Como ciudarrealeño, no quiero dejar pasar la oportunidad de homenajear, ahora que el año 2016 se acaba, y dedicar unas notas en conmemoración del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, el inmortal autor que dio a conocer al mundo su grandiosa obra desarrollada por nuestros lugares manchegos.

Son numerosos los estudios que brindan argumentos para señalar a un determinado pueblo como “el lugar de la Mancha que no quiso acordarse…”. Pero tras una inicial criba, tres son los municipios que refieren más méritos para hacerse con este honor. Un honor que sería como la de aquellos ilustres hidalgos que pinta Cervantes. Los pueblos que aspiran son numerosos: Argamasilla de Alba, Villanueva de los Infantes, Mota del Cuervo… y un largo etcétera.

En nuestro Villanueva de los Infantes, capital de la comarca del Campo de Montiel, un cartel anticipa al visitante casi asegurando que este es “El lugar de la Mancha…” En efecto, no hay duda de la devoción cervantina del dicho municipio, pues en su bellísima Plaza Mayor vemos un conjunto de esculturas, que muestra a Don Quijote, Sancho y otras figuras de la inmortal obra. Sabemos que veinte expertos cervantinos visitaron los pueblos de “la Ruta del Quijote” para localizar el lugar del que Cervantes “no quería acordarse”. El camino de los pueblos candidatos continúa en Argamasilla de Alba, que se siente avalada por la historia y por los “Académicos de la Argamasilla”, que señalan en El Quijote, se reunían en la botica del pueblo y de los que Cervantes se mofaba. por sus ínfulas literarias. La Oficina de Turismo del municipio ofrece metas para descifrar el enigma del lugar de la Mancha, y es en este lugar donde está ubicada la cueva de Medrano, donde Miguel de Cervantes sufrió cautiverio unos cuatro meses y donde, según la mayoría de los biógrafos del escritor, pudo entonces concebir El Quijote.

En otro orden de cosas, Cervantes nació el año de 1547 en Alcalá de Henares. A su madre se la señala como "cristiana nueva", descendiente de judíos españoles, un grupo culto y trabajador forzosamente convertido al catolicismo. Su padre fue cirujano, oficio menor al de médico. Tras su azarosa vida, por un arcabuzazo Cervantes perdió el uso de la mano izquierda en la batalla de Lepanto. Durante un viaje de vuelta a España, el manco de Cervantes fue hecho prisionero por piratas argelinos. Entonces comienzan sus cinco años de cautiverio en Argel, volviendo liberado a España gracias a los esfuerzos de su familia y de un tal Juan Gil, fraile trinitario. Después consigue ser recaudador de impuestos atrasados en el reino de Granada, y para ganarse el sustento desarrollará otros varios oficios.

Cuando pasaba de 58 años, consiguió el apoyo económico del conde de Lemos que le permitió dedicarse completamente a escribir. En 1605 Miguel de Cervantes publica la primera parte de “Don Quijote de la Mancha”.


En 1613 apareció un Quijote apócrifo, publicado por Avellaneda, quien trató de hacer una continuación de la obra original, por ello Cervantes decidió escribir la segunda parte de su Don Quijote, dándole un final que no permitió ninguna continuación. El famoso grabador francés Gustavo Doré fue el primero en plasmar los maravillosos grabados del libro. Otra curiosidad fue que Miguel de Cervantes sufrió tartamudez, él mismo lo confiesa en el prólogo de sus Novelas Ejemplares.  Su óbito en 1616 ocurrió cuando contaba 68 años, siendo sepultado en el convento de las Trinitarias Descalzas, pero sin definir el sitio exacto donde reposan sus restos.

Un dato de interés más es que la población de Miguelturra aparece en el Quijote por la amistad de Cervantes con la familia de “los Perlerines”, personajes ricos y reales labradores naturales de este municipio. Lo vemos  en la frase: “Yo, señor, soy labrador, natural de Miguel Turra (sic), un lugar que está a dos leguas de Ciudad Real…”, lo pronuncia un labrador, pidiendo a Sancho, ya gobernador de la Ínsula Barataria, para que interceda a favor de su hijo, para poder casarse con la hija del rico “Perlines”. Por otro lado, lamento no recordar un interesante suelto anónimo, de hace unos años, donde aseguraba cómo Miguel de Cervantes llegó a Ciudad Real para socorrer a la viuda de un entrañable amigo.

Otro enigma es el misterioso personaje de Cide Hamete Benengeli, un personaje colateral, supuesto autor moro del origen de la obra Don Quijote, supuestamente adquirido por Cervantes a Benengeli, con quien había topado en Toledo, cuyo apellido Benengeli habría utilizado como inspiración para, entre bromas, atribuir la autoría de su Quijote al sabio portador de los famosos “cartapacios” con los originales de su novela. El mismo Cervantes nos cuenta en el capítulo IX: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero…  y parece que aquellos cartapacios contenían la Historia de Don Quijote de la Mancha, cuya autoría  se arrogaba Cide Hamete.

En 1609, Cervantes termina su obra “Coloquio de los perros”, donde podemos observar su obsesiva e inquietante preocupación por el tema de su linaje. Cervantes quiso para su obra, en medio de una sociedad con el criterio racista de la limpieza de sangre, no obstante, si fue o no converso a pesar de todo, profesó en la Orden Tercera de San Francisco.

José Golderos, miembro de número de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales



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