lunes, 30 de enero de 2017

LA PLAZA MAYOR, MI CUARTO DE ESPADAS



Con indudable interés he seguido el tema de la remodelación de la Plaza Mayor de nuestra capital, por motivos que el lector podrá fácilmente comprender si tiene la atención de seguir leyendo esta mi opinión que paso a exponer, junto a emotivos recuerdos que siempre pesan a la hora de escribir sobre el popular recinto urbano, cuya transformación ha sido decisiva en cuanto al antiguo paseo y las dos calzadas se refiere.

Yo nací en la entonces Plaza de la Constitución, en la segunda decena del siglo. Ya ha llovido y no poco. Por esta razón, a la hora de presumir de ciudarrealeñismo he podido compararme con el que más sintiera tal circunstancia. El recuerdo me lleva a mis juegos de niño en torno a la farola grande que iluminaba la plaza en el centro del paseo central y a la que, en ocasiones nos subíamos, con peligro evidente de resbalar y sufrir un porrazo. Eran los tiempos en que los vecinos de las distintas viviendas salían a sentarse a las puertas en las noches calurosas del verano, haciendo tertulia y esperando que quisiera refrescar un poco para irse a la cama, en ocasiones tras haberse acercado hasta la horchatería de Belén, para tomar un vaso de exquisita horchata o de agua de cebada, que no le iba a la zaga y era más barata, dicho sea de paso. Y luego, la feria, cuando por las mañanas se celebraban los festejos populares, en los que llevaba buena parte de organización Luis Bermejo, que tenía su negocio de ferretería al lado de mi casa.

Pero dejemos los recuerdos y vamos al grano de opinar, aunque ya en secreto lo hiciera en la encuesta del Grupo Municipal Socialista, en la que fui consultado. Bien es verdad que mi opinión la había expuesto en los años sesenta y setenta, cuando formaba parte de la Corporación Municipal, que hubo de decidir el derribo del edificio de la antigua Casa Consistorial y la elección del que había de ser nuevo Ayuntamiento. Yo no era partidario de la demolición del edificio que había sido escenario de tantos acontecimientos locales, que ahora no son el caso recordar para no alargar demasiado esta colaboración en el extraordinario de nuestra Feria 88, pero como se imponía la opinión de los técnicos, que no garantizaban su seguridad y permanencia por mucho tiempo, hubo que ceder para no ser considerado intransigente.

Al acordarse en el pleno la sustitución del edificio consistorial, expresé mi opinión de que debería convocarse un concurso e igualmente coincidieron otros compañeros de Corporación, a fin de poder elegir el proyecto que estuviera más en consonancia con un estilo de edificación castellano manchega. Luego, al ser demolido el Ayuntamiento, vino la polémica expresada durante varios meses en los medios de comunicación locales, sobre si debía edificarse o no, en el solar resultante, la nueva Casa Consistorial, siendo no pocos los partidarios de que la entonces Plaza del Generalísimo quedase abierta y comunicada con la calle del General Aguilera sin ningún obstáculo. Pero triunfó la opinión de que el nuevo Ayuntamiento continuase en el mismo lugar que el antiguo y ya a principio de los años setenta hubo que decidirse por aceptar un proyecto, obra del arquitecto Higueras, pues lo del concurso había quedado en agua de borrajas.


PROYECTO HIGUERAS

Si polémica había desatado la ubicación del nuevo Ayuntamiento, no fue poca la promovida por el proyecto Higueras cuando fue conocido por la Corporación Municipal y por los vecinos, al publicarse en LANZA y “Hoja del Lunes” el dibujo de la fachada. No pocos recordarán que se escribió largo y tendido sobre si era un edificio “único” –luego desmentido gráficamente en la segunda de las publicaciones citadas- y que merecería ser contemplado con elogios por los visitantes de la ciudad, mientras se le calificó por otros de “estilo nórdico”, frente al castellano manchego que preferíamos no pocos. El proyecto fue objeto de larga discusión, expresando sus opiniones favorables el entonces alcalde y la mayoría de los ediles, aunque algunos otros nos mostramos contrarios, si bien en última instancia fui yo el único que me mantuve en esa opción opuesta a lo que ofrecía Higueras, avalado por un conocido pintor ciudarrealeño, al que le unía gran amistad. Se quería que el proyecto mereciera el asentimiento de la Corporación por unanimidad y al fin, para no ser la única nota discordante, terminé por aceptarlo, pero con una condición: que el Pleno acordase también por opinión unánime, que el resto de las edificaciones nuevas que se fueran produciendo en el futuro, dentro del recinto de la Plaza Mayor, se adecuasen al estilo del nuevo Ayuntamiento, así como que se procurase estimular a los propietarios de edificios de la plaza para llevar a cabo la pretendida remodelación, terminando así, en un plazo relativamente breve, con la diversidad de estímulos que aún se mantiene en el ahora renovado recinto.


UN SOLO ESTILO

Quedo entonces bien clara mi opinión, que es la misma que mantengo ahora como un vecino más de la capital y que algunos expresaron en la mesa redonda convocada por el alcalde hace unas semanas, como también se habían mostrado partidarios un buen porcentaje de participantes en la encuesta del PSOE municipal. Me permito recordar, en apoyo de mi opinión favorable a que la plaza tenga un solo estilo de edificios, a otras plazas españolas, como las de Madrid y Salamanca, y sin salirnos de la provincia, la de Almagro, que tantos elogios merece de cuantos la visitan. Es cierto que hay plazas con distintos estilos de edificación, como sucede con la Grand Place de Bruselas, que constituyen un recinto urbano de interesante conjunto ornamental, pero sinceramente me pronuncio por la unidad de estilo, por considerarlo más armónico y agradable a la vista. Ahora bien, nuestra Plaza Mayor podría ser objeto de una construcción única en estilo por lo que respecta a los dos lados del rectángulo, pero con una ligera modificación en cuanto a las fachadas del centro, lo que rompería esa uniformidad que algunos técnicos consideran excesiva.

El problema de la nueva arquitectura a mantener en las futuras edificaciones que se lleven a cabo en la Plaza Mayor, que deben contar con ayuda económica por parte municipal como se ha venido haciendo en las últimas realizadas con adecuación al estilo de la Casa Consistorial, es un reto que tiene pendiente la actual Corporación y que sin duda, de llevarlo adelante con éxito, merecería el asentamiento casi unánime del vecindario. Pero entiéndase que digo la actual Corporación y no es grupo mayoritario, ya que una obra de semejante envergadura urbana debe contar con el apoyo de los distintos grupos que integran el Ayuntamiento y sería a todos a los que alcanzase el mérito de llevar a cabo la necesaria remodelación, poniendo fin a ese mosaico de estilos que en la actualidad se muestran en nuestra plaza. Medios económicos hay para que, con la colaboración y tutela municipal, los propietarios puedan realizar la ingente obra de dotar a nuestra capital de una Plaza Mayor que realmente produzca satisfacción a quienes aquí habitamos y elogios a los visitantes. Animo y adelante.

Cecilio López Pastor. Diario “Lanza”, 14 de agosto de 1988, Extra Feria Ciudad Real


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