lunes, 23 de enero de 2017

TRANSFORMACIÓN ARQUITECTONICA DE UN ESPACIO PÚBLICO: EL CASO DE LA PLAZA MAYOR DE CIUDAD REAL (I)


 
Vista de la antigua Casa Consistorial a principios del siglo XX

1. GENESIS Y CUALIFICACION ESPACIAL

El recinto originario de la Plaza Mayor de Ciudad Real, puede entenderse de forma análoga a los que se generaron en las ciudades medievales. Surge un vacio espacial, sobre el cual va a gravitar buena parte de la vida ciudadana, ya sea por las actividades comerciales que allí se desarrollan, ya sea por otro tipo de intercambios sociales que van a tener como marco el citado espacio.

La mayor parte de las Plazas Mayores Manchegas que se han construido en los siglos XVI o XVII, con su forma simétrica, las pocas salidas que tienen, su uniforme arquitectura, dan la impresión de un lugar de festejos y, en efecto la Plaza Mayor servía no sólo como mercado, sino también para desfiles solemnes y festivales, Autos de Fe y corridas de toros…(1)

El paso del tiempo tiende a consolidar dicho recinto como el espacio público por excelencia. La singularidad urbana que así se origina, va a tener su correspondencia en la búsqueda de una pretendida singularidad arquitectónica. Antes de que se produzcan intervenciones concretas, tendentes a realizar la “cualidad” del citado espacio, entendemos que la componente urbana básica vendría dada, no tanto por lo edificado, como por el vacio lleno de contenidos y de permanencias. La arquitectura circundante, habría sido fruto de renovaciones puntuales y aportaciones edificatorias parciales, produciéndose una amalgama edilicia, sin otra voluntad que la de flanquear el vacio espacial del recinto.

De esta forma, y con estos antecedentes, surge la iniciativa de los Reyes Católicos, que en 1481 autorizan al Concejo a confiscar la casa de Alvar Díaz para construir el Ayuntamiento, siendo las trazas del edificio del maestro Manuel Perez de Valenzuela (2). La edificación del Ayuntamiento en el lado norte de la Plaza Mayor, suponía la voluntad de conferir contenidos públicos e institucionales al primer espacio de la ciudad. Es ahora, cuando se inicia una larga operación arquitectónica, cuya finalidad es la de potenciar y realizar los contenidos formales de la Plaza. Las transformaciones operadas, van modificando el aspecto inicial de “portales sobre postes de madera, desiguales en su forma y altura con largos corredores y grandes ventanas de madera y balcones, también de madera, de forma variada y caprichosa(3). En 1728 el Concejo acometió las primeras reformas tendentes a darle a la Plaza Mayor “más simetría y belleza” (4), finalizándose dichos trabajos en 1744, tras diversas dificultades (5).

 
Frontispicio de entrada a la antigua Casa Consistorial con la inscripción de 1612 como fecha de finalización de la edificación

La imagen resultante tras estas operaciones, sería bastante próxima a la que descubre Ponz en 1791: “La longitud de la Plaza Mayor viene a ser de ciento cincuenta pasos regulares con la mitad de ancho. Lo cercan dos corredores dispuestos para ver funciones públicas. La han revocado nuevamente de muy mal gusto(6).

La escasa dinámica social y económica que va a padecer Ciudad Real durante los años siguientes, no va a propiciar operaciones de transformaciones espaciales profundas, por lo que todas las operaciones que se van a ir desarrollando, van a tener un limitado alcance. Es por ello, por lo que se advierte que las renovaciones operadas en la Plaza, tienen más entidad escenográfica que edificatoria, afectando fundamentalmente al tratamiento formal de las fachadas que dan cara a la Plaza. La primera propuesta global de renovación data de 1859-1860.

Por entonces el aspecto que presentaba la Plaza, es el de un trapecio de poco más de 4.000 metros cuadrados, con cierta simetría formal y compositiva. La pavimentación que poseía era un empedrado, situándose en el centro la fuente erigida en honor de Hernán Pérez del Pulgar.

Las primeras decisiones municipales tendentes a formular algún tipo de reforma, datan de 1859; estableciéndose merced a los acuerdos formulados entonces el primer tipo edificatorio que se va a ensayar en la Plaza, con un criterio de tratamiento global y unitario.

Entre Octubre y Noviembre de 1859, el Ayuntamiento esgrime una lucha constante con los vecinos de la Plaza de la Constitución. La Corporación quería que las obras de ornato de ella, fueran pagadas por los propietarios, éstos requerían al Ayuntamiento que los gastos de reforma sean pagados entre ellos y el Ayuntamiento. Poniendo algunas condiciones en la reforma, concretamente piden que se rebajen los arcos para que no quiten luz a los habitantes del piso principal. Lo cierto es que los planes de reforma no pasan a las actas municipales; viéndonos en la necesidad de recurrir a un autor contemporáneo que nos describe como quedo la Plaza:

 
Vista de la plaza tras la reforma de la misma de 1860 y el antiguo ayuntamiento del arquitecto Cirilo Vara y Soria

Al repararla en 1860, se procuró que su decorado, aunque sencillo, caracterizase del mejor modo posible este sitio, y se consiguió efectivamente a pesar de los grandes obstáculos con que se luchó para no hacer gravosa esta reparación a los dueños de las casas, y también por la mezquina altura que tienen los pisos, empleándose al efecto el género greco-romano. Los edificios en tres de los lados del trapecio son de tres pisos. El bajo forma una galería en su crujía exterior dividida con robustos pilares de piedra sillería, perteneciente al orden toscano, con las molduras de sus pedestales y capiteles labrados con poco esmero. Sobre estos pilare y agregados a él, las carreras y toscas zapatas que antes tenían, se voltearon arcos elípticos sumamente rebajados, pero que les han hecho aparecer con proporciones más desahogadas; una cornisa de bastante riqueza en molduras corona este piso, teniendo cartelas pareadas en la parte que cae sobre los pilares.

El piso principal es más rico, pues todos sus vanos son de medio punto, y la división de claros la forman pilastras estriadas hasta un tercio de su altura con lindos capiteles y basas. Las ventanas están sobre recuadros de bastante realce y orladas de unas pequeñas pilastras, también con sus capiteles, hasta la altura de los arcos, sobre los que descansa airosa una bien moldeada archivolta. Los balcones son pequeños y de poco vuelo, pero de gracioso dibujo sus cenefas y balaustradas. Una bonita imposta corona este piso, y recibe al tercero, cuyos vanos no aparecen, si bien airosos, con la riqueza de los del principal. Están de forma que sirven de antepecho, cerrados por tabiques hasta la altura de un metro y son de arco de círculo rebajado. Los claros se hallan igualmente divididos con pilastras, pero no de tanto adorno como las principales. Por último, a este tercer piso corona una preciosa cornisa con modillones, y sobre ella y para evitar el feo aspecto que presentarían las diferentes horizontales que forman las cubiertas, tiene un ático dividido a su vez con pilastras y terminadas con otra pequeña cornisa”. (7)

La cualificación formal que se produce queda reflejada en la descripción que nos hace Domingo Clemente, como una necesidad para la buena caracterización del recinto. Dicha operación se ejecuta “por vía noble”, buscando la simulación ilusoria de órdenes clásicos; como si la utilización de éstos confiriera estatuto de nobleza a lo conformado. A la vista quedaría la tensa oposición entre la estilística solemne y la endeblez de los materiales aportados. La descripción pormenorizada, nos otorga una visión de microarquitectura, leída fragmentariamente y en orden ascendente. Sin que se produzca, por el contrario, un juicio global, no ya del recinto que se configura, sino de la utilización de tales recursos en un programa determinado.

La reforma que se opera en 1860, es la que va a precipitar la demanda de una nueva Casa Consistorial, más apropiada a la estilística introducida, buscando de esta forma la posible homogeneización del recinto. Al margen de estas razones, los datos que nos proporciona Félix Pillet, nos revelan que la decisión municipal de erigir un nuevo Consistorio, viene condicionada por el deficiente estado de la antigua Casa Consistorial y por la necesidad de que tal edificio deba presentar el decoro apropiado a su función.

 
Otra vista de la plaza con los edificios tal y como quedaron tras la reforma de 1860

El único edificio construido de nueva planta y que dio cierta raigambre a este momento del reinado de Isabel II, fueron las Nuevas Casas Consistoriales. En 1852, hubo que dedicarles a las antiguas Casas un presupuesto de 2.620 reales, para que presentaran el decoro necesario para una capital de provincia de segunda clase. Pero 12 años más tarde, el edificio comienza a resentirse, y se empieza a hablar, pero ya de forma decidida en su demolición”. (8)

Un aspecto que conviene valorar, es la tremenda presión fiscal que va a tener que soportar el pueblo de Ciudad Real, para que la Corporación Municipal, pueda obtener los recursos económicos precisos para sufragar las obras.

En este misma sesión, la Corporación acuerda la forma de pagar los 48.308,998 escudos a que asciende el presupuesto. Teniéndose que recargar la contribución territorial en 35%, la del subsidio en un 40% y las especies de consumo comprendidas en las tarifas vigentes en un 45, 9%; y en el que ha regir el año próximo el máximo que permita la ley(9).

Alejandro Moyano-José Rivero. Revista ALMUD, nº 4 (1981)

(1) Otto Jessen. “La Mancha. Contribución al estudio geográfico de Castilla la Nueva”.
(2) Inocente Hervás y Buendía. “Diccionario histórico y geográfico de Ciudad Real”.
Las obras en las palabras de Hervás, marcharon lentamente, aportando el dato de que en 1526 se autoriza un reparto de 120.000 maravedís con los que completar la construcción.
En el frontispicio de la entrada, puede verse, por otra parte, 1612 como fecha de finalización de la edificación. En 1765 se produce el incendio del Consistorio y de los corredores contiguos, y en 1864 se procede a la declaración de ruina.
(3) Op. cit.
(4) Op. cit.
(5) Las dificultades que se mencionan, derivan del rechazo de los propietarios a efectuar a su costa las reformas acordadas. Parte importante de dichos propietarios estaban vinculados a la iglesia, monasterios, obras pías, etc.
Sería interesante, pero excede de este trabajo, analizar la relación del primer espacio de la ciudad con las fuerzas sociales dominantes, tratando de colegir la representación espacial del poder. Representación referida también a los procesos inquisitoriales, corridas de toros, desfiles y procesiones, como dato valga citar que las corridas organizadas en la Plaza Mayor en el siglo XVII y XVIII, lo eran por “el cura de Santiago”, “el mayordomo de San Pedro”, “los hermanos de San Juan de Dios” o “la abadesa de las Franciscanas”. Igualmente mencionar el sitial preferente que ostentaba el vicario en las celebraciones y que en 1640 origino un conflicto ciudadano.
(6) Antonio Ponz. “viaje de España”.
El aspecto de la Plaza en su revoco reciente, quizá fuera la reforma debida al incendio de 1765. Igualmente, es posible que esta sea la reconstrucción citada por Hervás y Buendía.
(7) Félix Pillet. “Geografía urbana de Ciudad Real”
(8) Félix Pillet. Op. cit.
(9) Félix Pillet. Op. cit.


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