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miércoles, 26 de septiembre de 2018

EL PASEO DEL PRADO (II)



El día tres… a ruego de varias gentes salió la procesión a las seis de la tarde… en ella y su tránsito no se notó otro desorden, que el de tributar esforzadamente repetidos y altos vivas a la divina Imagen y a la Religión, durando estos hasta las diez de la noche dentro de su santo templo… se oyeron también en la Plaza y Paseo del Prado, por espacio de ambos días únicamente… según  Testimonio número 2; quedando el pueblo en la mayor tranquilidad y sosiego, en cuyo estado le encontró el Comandante de la Caballería del regimiento de Alcántara. Informe número 3 de íd.>>

A este escrito del Ayuntamiento, comenta don Inocente Hervás: <<Motivó esta representación el recurso que a su vez hicieron a S.M. el Coronel y Oficialidad del Regimiento de Navarra, acantonado en esta Ciudad hacía un año, acusando al pueblo de actos de sedición y, al Clero y Autoridades de promovedores de dichos actos, cuyas calumnias reprodujo en sus columnas <<El Expectador>>, periódico de la Corte. La Corporación prueba, además de su inocencia, el recto proceder de todas las autoridades y vecinos de la población, y que el oficio de falsos denunciadores no era nuevo en aquel Cuerpo, puesto que por idéntico motivo se le había trasladado de Badajoz y Toledo.>>

Al año siguiente, 1822, el Ayuntamiento compró las Casas de Cózar, así llamadas por pertenecer a la vinculación de este nombre, destinadas para habitación del campanero, frente a la puerta del Sol de dicha iglesia, con lo que, el Prado adquirió una forma regular, y dando el Arzobispo de Toledo la piedra para construir su gradería y así quedó constituido en el más bello rincón de la población.

Hasta época relativamente cercana, bien entrado ya nuestro siglo, el Paseo del Prado se regaba a brazo a cubos. El pozo y alberca de que hablábamos anteriormente, se encontraba situado en el patio de la casa del guarda, en lo que hoy es Casa de Cultura. Desde allí, hasta el centro del Prado existía una tubería por la que se conducía el agua hasta una especie de repartidor, del que partían cuatro regueras, una para cada esquina del Paseo. En cada una de estas esquinas, había una tinaja de regulares proporciones, semienterradas, que se iban llenando de agua y de allí, los jardineros, iban sacando cubos y repartiendo el agua por los paseos en las tardes de verano. Alguna de estas tinajas, está todavía enterrada como mudo testigo del tiempo pasado.


En los últimos años del siglo pasado y muchos de los de este, la Banda Municipal de Música, daba conciertos en el Paseo del Prado, jueves o domingos, alternando primero con la Plaza del Pilar y luego con el Parque de Gasset. Para esto se levantaba un tablado de madera cerca de las paredes de la Catedral y luego, más tarde, se levantó un tinglado de hierro en el paseo central que duró, me parece, hasta después de nuestra guerra de liberación; desapareciendo cuando se instaló en el mismo paseo la Cruz de los Caídos. A la gente le agradaban entonces estos conciertos y lo demostraba asistiendo en masa y aplaudiendo la ejecución de las obras. Claro está, que esta era la única forma de oír música; la radio, los tocadiscos y los transistores no se habían inventado y los pocos gramófonos que luego fueron apareciendo, sonaban muy mal todavía. Por otra parte, era una buena forma de comunicarse y estrechar relaciones con la gente, porque conocerse se conocían todos. De estas tardes y noches de concierto salieron muchos noviazgos y muchos matrimonios que quizá de otra forma no hubieran llegado a celebrarse.

El 7 de junio de 1887, día del Corpus, se inauguró el nuevo local del antiguo Casino, llamado de los señores, levantado en la casa de don José del Forcallo, frente al Paseo del Prado.

En los últimos tiempos, el Prado, ha sufrido una profunda reforma. En la antigua casa del guarda, se ha construido la Casa de Cultura, modernísima obra del arquitecto manchego don Miguel Fisac. Desapareció la barandilla de hierro fundido que rodeaba todo el paseo y que había sido instalada en el año 1822 y fue sustituida por taludes sembrados de verde, que le dan gran prestancia y belleza y un aspecto moderno, como puede verse por alguna de las fotos que publicamos. Hubo protestas, ¿cómo no?, de los eternos detractores, de los amigos de la tradición y de los que creían que el Prado iba a perder todo su sabor, pero cuando la obra estuvo terminada, todos quedaron contentos y satisfechos. Hoy el Prado es otro bello jardín, del que estamos orgullosos todos los ciudarrealeños.

Ramón González Díaz. Boletín de Información Municipal Nº 29, Ciudad Real marzo de 1969


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