sábado, 19 de octubre de 2013

LOS NUEVOS BEATOS MÁRTIRES DE ALCÁZAR DE SAN JUAN



Entre los 522 mártires de la Guerra Civil que el domingo fueron beatificados, figuraban también un grupo de seis trinitarios que residían en Alcázar de San Juan, y allí encontraron la muerte el 27 de agosto de 1936.

La beatificación de estos seis nuevos mártires trinitarios se enmarca para la Orden Trinitaria, dentro del “Año de la fe” y en el “Año Jubilar Trinitario 2013 con ocasión de la muerte de San Juan de Mata (+1213), Fundador de los Trinitarios y de San Juan Bautista de la Concepción (+1613), Reformador de la Orden.

Los Trinitarios están presentes en Alcázar de San Juan desde el siglo XVII, encontrando el primer testimonio de su presencia en 1632. El actual Convento de la Santísima Trinidad fue levantado entre los siglos XVII y XVIII, estando actualmente regentado por los Trinitarios, quienes dirigen tambien en Alcázar de San Juan un colegio y un seminario menor.

La iglesia conventual es una de las primeras iglesias de la provincia que se construyen bajo las pautas del Rococó. En su interior hay varias capillas con imágenes devocionales, pero la imagen más venerada en este templo, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado de gran devoción en Alcázar de San Juan, es la que preside el retablo barroco del altar mayor.

Los mártires al ser asesinados fueron sepultados en el cementerio de Alcázar de San Juan, siendo trasladados sus restos en 1962 a la iglesia conventual y sepultados junto al altar mayor. Desde su proclamación como beatos y para recibir el culto que se merecen, van a presidir una capilla en la entrada a la iglesia, y que llevará el nombre de Capilla de los Mártires.

Una pequeña biografía de estos nuevos beatos, cuya festividad se podrá celebrar cada seis de noviembre en su convento alcazareño, es la siguiente:

Convento de la Santísima Trinidad de Alcázar de San Juan

Hermenegildo Iza y Aregita nació en el pueblo de Mendata-Albiz (Vizcaya) el día 13 de abril de 1879. Hizo el noviciado en Algorta y su profesión solemne en el Santuario de la Virgen de la Fuensanta, en Villanueva del Arzobispo (Jaén) (1899).

Estuvo en Alcázar de San Juan como maestro de novicios (1903) y de ministro (Superior) en diversos conventos: Antequera (1910-16), Santuario de la Virgen Bien Aparecida (Santander) (1919-22 y 1926-29), San Carlino (Roma) (1922-26); Laredo (Santander) (1929-33), Belmonte (Cuenca) (1933-36) y, finalmente, en mayo de 1936 fue nombrado por segunda vez ministro del convento de Alcázar de San Juan.

Era humilde, servicial, bondadoso, prudente, comprensivo; un hombre de Dios. Su conducta fue siempre edificante en todo cuanto hacía. Dio un carácter familiar a la vida comunitaria, animando personalmente las reuniones de estudio y de recreación. En el convento de Belmonte, el P. Hermenegildo alivió el hambre que padecía la Comunidad.

Fue ejemplar su dedicación al sacramento de la penitencia, Tenía fama de buen director espiritual. Sobresale, entre las personas que con él se dirigieron, la Sierva de Dios, trinitaria de clausura sor María del Niño Jesús (1912 –1933), del monasterio de Laredo.

Después de llegar de superior a la comunidad de Alcázar, el P. Hermenegildo (Mayo 1936), un amigo de la comunidad, lo felicitó por su nombramiento, a lo cual respondió: «Gracias, pero no he venido para ser superior, sino al sacrificio»

Buenaventura Gabicaechevarría y Guerricabeitia nació en el barrio de Medieta del municipio de Ajánguiz (Vizcaya) el 14 de julio de 1887. Recibió el hábito en Algorta (1903) y emitió su profesión solemne en el convento de La Rambla (Córdoba)(1906). Fue ordenado sacerdote en Málaga (1909).

Excepción hecha de un período pasado en Belmonte (Cuenca) con ocasión de la fundación del convento de los trinitarios (1923), la mayor parte de su vida religiosa la transcurrió en Alcázar de San Juan, dedicado principalmente a la labor educativa de niños y jóvenes. Sus alumnos lo recuerdan como un hombre bueno, alegre y simpático.

Era profesor de los más pequeños. Les enseñaba las tablas de multiplicar cantando. No podía ver a un niño triste, y hacía todo lo posible para que olvidara su pesar. El P. Buenaventura se esmeró mucho en ayudar a las familias más humildes en lo relativo a la educación gratuita de sus hijos puesto que no podían pagar nada por la escolarización de sus hijos.

Era tanto el cariño que el pueblo de Alcázar sentía hacia los trinitarios y tan grande el convencimiento que el P. Buenaventura tenía de este afecto, que le oyeron decir: «A nosotros no nos puede pasar nada malo, pues hemos dado clase a la mayoría de los chicos de Alcázar, y hemos proporcionado trabajo a centenares de obreros del campo».

El escudo trinitario está presente en la fachada de la iglesia conventual

Juan Antonio Salútregui y Uribarren nació en Guernica-Luno (Vizcaya) el 5 de febrero de 1902. Tuvo una hermana monja clarisa en el convento de Santa Clara de Guernica. El P. Antonio emitió su profesión simple en el Santuario de la Virgen Bien Aparecida (1918). En el mismo lugar hizo su profesión solemne (1923). Fue ordenado sacerdote en Jaén por el Siervo de Dios monseñor Manuel Basulto Jiménez (1926).

El P. Antonio es recordado por todos por su carácter dulce y por su naturaleza enfermiza, a pesar de su juventud (cuando murió tenía solamente 34 años de edad). Se le recuerda como: «Una persona angelical; con la sonrisa en la boca siempre; amabilísimo.... ».

Como buen organista, ejercitó sus excelentes capacidades musicales en los conventos por los que pasó (Santuario de la Bien Aparecida, Laredo, Belmonte, Alcázar). De sus dotes musicales resultó el himno que compuso a Jesús Nazareno en Alcázar.

Pocas semanas antes de ser detenido, se presentaron en Alcázar algunos familiares del P. Antonio, procedentes de Vizcaya: «Él no se quiso marchar, porque quería seguir la suerte de sus hermanos religiosos, estaba convencido de todo lo que les venía encima».

Cuando le fueron a detener, el P. Antonio de Jesús María se encontraba celebrando misa en la iglesia. Ya había consagrado cuando los milicianos, con sus fusiles, entraron en la iglesia, entre blasfemias y pistola, intimaron al celebrante a que dejara la celebración. Con serenidad acabó de celebrar la eucaristía y consumió todas las formas que había en el sagrario, para evitar su profanación.

Fotografía de los seis trinitarios beatificados el pasado domingo 13 de octubre en Tarragona

Francisco Euba y Gorroño nació en Amorebieta (Vizcaya) el día 25 de julio de 1889. Tomó el hábito trinitario en Algorta (1904), e hizo su profesión solemne en el Santuario de la Virgen de la Fuensanta de Villanueva del Arzobispo (1908). Fue ordenado sacerdote en Jaén (1911).

Desde su ordenación sacerdotal vivió toda su vida en el convento de Alcázar de San Juan, cerca de 25 años. Su vida transcurrió dedicada al culto divino, a la enseñanza y a la ayuda de los necesitados. Fue un religioso alegre, simpático, amigo de todo el mundo, campechano. «Contagiaba su alegría a todo el que conversaba con él».

Amigo de hacer el bien a quien lo pudiera necesitar, especialmente ayudó a buscar empleo a los jornaleros, hablando con quien sabía que podía ofrecerles trabajo; también ayudó mucho a varias personas a encontrar trabajo en la RENFE.

Estuvo dotado de una magnífica voz de tenor. Organizó y dirigió varios coros que cantaban en las celebraciones litúrgicas en la iglesia conventual. Fue director de la Adoración Nocturna, y capellán de las “Hijas de María”. Tenía fama de estar siempre dispuesto a atender las peticiones pastorales y solía visitar frecuentemente a los enfermos en sus domicilios.

El Padre Francisco, al aviso del peligro que corrían todos, y aconsejándoles que se marcharan del pueblo cuanto antes, respondió: «No lo creo. Si son agradecidos no nos harán nada. Yo he colocado a tantos parados en la estación y se han educado en nuestro colegio tantos chavales que, sin duda, nos respetarán».

El P. Plácido de Jesús (Camino Fernández), nació en Laguna de Negrillos (León), el 6 de mayo de 1890. Entró en el noviciado de los trinitarios en el convento de Alcázar de San Juan (1905) donde hizo su profesión simple (1906). Emitió la profesión solemne en Córdoba (1909).

Enviado a Roma (San Carlino), obtuvo el título de Doctor en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana (1917). Se ordenó de sacerdote en la basílica de San Juan de Letrán, en Roma (1916).

En la Orden Trinitaria se recuerda su extraordinaria inteligencia. Fue profesor de filosofía y ayudante del maestro de novicios (Bien Aparecida, 1918-1919), después de filosofía, teología y formador en Córdoba (1919-1925). En 1925 fue nombrado director del Colegio trinitario de Alcázar de San Juan (1925- 1935), siendo considerado «el alma del colegio».

Uno de sus alumnos lo recuerda como «un verdadero santo, de conducta intachable, y su entrega al colegio sin reservas».

El P. Plácido asumió como norma de conducta el refrán castellano, «haz el bien y no mires a quien». «Preparó para oposiciones a uno que gozaba de fama de ateo..., ofrecía su ayuda a preparar a jóvenes en el tiempo libre que le quedaba de sus obligaciones religiosas y escolares».
Varias personas “influyentes”, incluido el Alcalde de Alcázar, se ofrecieron a salvarlo pero él se negó si la salvación no se extendía a todos sus hermanos de comunidad.

Padeció el martirio la noche del 27 de julio del 36. Al día siguiente en un sueño un seglar les oyó decir: "estamos perfectamente bien y absolutamente libres..., estaban en el cielo".

Retablo mayor de la iglesia de los trinitarios presidida por la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Debajo del cuadro que hay en la izquierda, tal y como miramos la fotografía, han estado los restos de los mártires desde el año 1962, hasta el presente año 2013

Esteban Ciriaco Barrenechea y Arriaga nació en Elorrio (Vizcaya) el día 26 de diciembre de 1880. Entró en la Orden Trinitaria cuando tenía 24 años; tomó el hábito –como hermano cooperador- en Algorta (1905) donde profesó . Hizo su profesión solemne en el Santuario de la Virgen Bien Aparecida (Santander) (1909).

Prácticamente toda su vida religiosa la pasó desempeñando el oficio de cocinero. Fue de carácter humilde y laborioso: «Era un hombre muy sencillo». Tenía fama en toda la Orden de guisar muy bien; afirmaba que aunque «sus manos estaban ocupadas en los cacharros de la cocina, su corazón estaba ocupado en Dios».

Era muy piadoso, y nunca se dispensó de sus oraciones. Muy servicial, tanto con los religiosos como con los chicos del colegio. Un antiguo alumno recordaba que cuando se enteraba de que un alumno del colegio estaba castigado, Fr. Esteban le llevaba a escondidas algo de comer.

Todos los días daba de comer a varios pobres en la puerta del convento; siempre cocinaba más cantidad de la necesaria para la comunidad, pensando en ellos».

Muchos le recuerdan, repartiendo la comida a medio día a los pobres que llegaban al convento; estaba la portería llena de ellos, y repartía la misma comida que había hecho para los frailes. Llenaba los cacharros que los pobres le daban con generosidad y humildad.

A Fr. Esteban le ofrecieron varias veces, a cambio de su libertad y vida, trabajar como cocinero para los milicianos y también de inscribirse como miembro de algún centro marxista, cosa a la que él se negó rotundamente.

El día 31 de agosto por la noche se llevaron a fray Esteban: «Al entrar en el coche le decían que renegara y no le pasaría nada y les dijo que no, que quería ser como sus hermanos».

Sus compañeros en la prisión afirman que sometido a interrogatorios y a malos tratos. En esos días, según testimoniaron después varias personas que lo vieron, la barba negra de fray Esteban se volvió completamente blanca. A las dos de la madrugada del 12 de septiembre –según recordaba un compañero de prisión- le sacaron de la cárcel para quitarle la vida.



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