domingo, 13 de octubre de 2013

HOY SERÁN BEATIFICADOS LOS MARTIRES DE FERNÁN CABALLERO EN TARRAGONA



La ciudad de Tarragona celebra hoy la ceremonia de beatificación de 522 mártires del siglo XX en España, que tendrá lugar en el Complejo Educativo de la ciudad, con una previsión de 25.000 participantes. Entre este grupo de mártires se encuentran 15 mártires claretianos  asesinados en 1936 en Fernán Caballero, provenientes de la casa de ejercicios de los claretianos en Ciudad Real.

Los Mártires de Fernán Caballero son un grupo de catorce jóvenes seminaristas en vísperas de ser ordenados sacerdotes, cuyas edades oscilaban entre los 20 y 26 años, y el Hno Felipe González (47 años).

Como todas las causas de martirio, la Causa de los Mártires de Fernán Caballero es una historia de odio que mata y de gestos de perdón y de amor de las víctimas hacia quienes les arrancan la vida. Una historia de grupo que recoge 15 historias personales ajustadas a la no fácil lógica del Evangelio: si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto; el que pierda su vida por mí, la ganará para la vida eterna. A continuación vamos a relatar su historia.


CON LA CRUZ DESDE ZAFRA A FERNANCABALLERO

La atmósfera de violencia contra los moradores del Seminario Claretiano de Zafra comenzó apenas acabadas las elecciones de fe­brero de 1936. A finales de abril el Padre Provincial ordenó abandonar la casa y marchar a Ciudad Real. La nueva morada era un caserón desprovisto de todo y en medio de la ciudad; un lugar propicio para sufrir sacrificios hasta entonces nunca probados.

Jesús Aníbal Gómez, colombiano, escribía así a los suyos:

“No tenemos huerta, y para el baño nos las arreglamos de cualquier modo... De paseo no hemos salido ni una sola vez desde que llegamos: de hecho guardamos clausura estrictamente papal; así nos lo exigen las circunstancias. Por lo dicho, pueden ver que no estamos en Jauja y que algo tenemos que ofrecer al Señor”.

Se respiraba ambiente de martirio, y pronto se vieron sorprendidos por el asalto a la casa. El P. Superior escribirá más tarde: “Cuatro fueron los días de prisión para las catorce víctimas propiciatorias que fueron sacrificadas el día 28 y seis para los restantes. Decir lo que en estos días tuvimos que sufrir es cosa de todo punto imposible.” Las cosas fueron empeorando en aquella cárcel en que se había convertido la propia casa, hasta el punto de que “trajeron mujerzuelas y las veíamos con los bonetes y los ornamentos paseando y asomándose provocativamente a nuestras habitaciones... Todos estábamos preparados para la muerte, que la veíamos muy cerca... Se sufrían las vejaciones y las privaciones con resignación y mansedumbre y conmiseración para con los perseguidores.”

Intentando salir de aquel lugar de suplicio, el P. Superior pudo lograr salvoconductos para ir todos a Madrid o adonde les conviniera. La primera expedición para Madrid se preparó para el día 28 de julio. En ella iban nuestros mártires. Se despidieron de los que quedaban. ¡Que tengáis feliz viaje!, les dijeron.

Fueron a la estación de Ciudad Real en varios coches y acompañados por milicianos. Al llegar se armó un gran alboroto y se oyeron voces de: ¡A matarlos. Que son frailes. No les dejéis subir. Matadlos! El tren pudo arrancar sin mayores sobresaltos, pero las amenazas se cumplieron a 20 kms de la capital, en la Estación de Fernán Caballero.

Los Salvoconductos para que los claretianos pudieran abandonar Ciudad Real, fueron expedidos por el Gobierno Civil de la provincia el 28 de julio de 1936

Un viajero del mismo tren cuenta así lo que vio:

“Ordenaron a los frailes que bajasen, que habían llegado a su sitio. Unos bajaron voluntariamente diciendo: Sea lo que Dios quiera, moriremos por Cristo y por España. Otros se resistían, pero con las culatas de los fusiles les obligaron a bajar. Los milicianos se pusieron junto al tren y los frailes frente a ellos de cara. Algunos de los frailes extendieron los brazos, gritando ¡Viva Cristo Rey y Viva España! Otros se tapaban la cara. Otros agacharon la cabeza. Uno que era muy bajito daba ánimos a todos. Empezaron las descargas y todos los frailes cayeron al suelo… Al incorporarse, algunos con las manos extendidas gritaban ¡Viva Cristo Rey!; volvieron a dispararles y cayeron.”

Entre el montón sangrante de los cadáveres, Cándido Catalán quedó gravísimamente herido y moriría horas más tarde: “Presentaba aspecto de una resignación asombrosa, no profería queja alguna…”, dijo de él el médico que lo atendió en la Estación.

Es obligado poner de relieve que en medio de tanto dolor no faltaron ángeles del consuelo. El P. Federico Gutiérrez, en su librito Mártires Claretianos de Sigüenza y Fernán Caballero, recoge la confidencia que Carmen Herrera, hija del Jefe de Estación, le hizo: “Yo y la mujer del Factor, Maximiliana Santos, ayudamos a los médicos a curar al herido. Yo puse agua caliente para lavarle las heridas y la mujer del Factor facilitó una sábana para hacer vendas. En la Estación yo le di de beber...” Bello gesto que recuerda el consuelo ofrecido a Jesús camino del Calvario.

El Hno Felipe González de Heredia había quedado en la capital, refugiado en casa de su hermano Salvador... Descubierto, fue llevado a la checa del Seminario en donde permaneció hasta que el día 2 de octubre le sacaron para llevarle en un coche hasta Fernán Caballero. El viaje lo realizó sentado entre dos milicianas que con una navaja le amenazaban y pinchaban añadiendo: “Así te vamos a matar; con estos perros no hay que gastar pólvora”.

Al parar el coche en la puerta del cementerio, el Hno Felipe se subió en el escalón de la puerta, se puso en cruz y gritó ¡Viva Cristo Rey y el Corazón de María! Una descarga de fusil acalló su voz.

Un testigo, que casualmente viajó en el mismo coche en que iba el Hno y fue testigo, dijo después: Yo noté que el Hermano iba muy sereno en el coche y el grito de ¡Viva Cristo Rey y el Corazón de María! lo dijo con energía.

En el lugar del martirio, en los terrenos de la antigua estación de ferrocarril Fernán Caballero se levanta un recuerdo permanente a los nuevos beatos

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