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lunes, 22 de enero de 2018

LA ESQUINA DE LA CALLE PALOMA CON CALATRAVA


Antigua vivienda de la calle Paloma con Calatrava

La esquina de la calle Paloma con Calatrava, la ocupa actualmente el edificio racionalista diseñado por el arquitecto José Arias en 1943 para Cámara de la Propiedad Urbana, y que actualmente está ocupado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.


Antes de que se construyera el edificio de la  Cámara de la Propiedad Urbana, la esquina de la calle Paloma con Calatrava, estuvo ocupada por la casa de D. José Cendrero y Díaz del Castillo, un ilustre manchego que nació en 1857 en Agudo. Cursó estudios de bachillerato en el Instituto de Ciudad Real, de donde pasó a estudiar Derecho en la Universidad Central, que terminó brillantemente en 1881. Ejerció la abogacía en Almodóvar del Campo, y en 1882 fue nombrado diputado provincial por aquel distrito, cargo que ostentó durante cinco periodos, para pasar después a presidir la Corporación Provincial. Hasta su muerte en 1918, fue decano del Colegio de Abogados de Ciudad Real.


La antigua casa de D. José Cendreros, era una vivienda de dos alturas que sufrió un gran incendio durante la Guerra Civil Española, quedando destruida. Adquirido el solar por la Cámara de la Propiedad Urbana por un importe de 30.000 pesetas, el arquitecto José Arias Rodríguez-Barba realizó el diseño del actual edificio, cuya construcción comenzó a finales de 1943, siendo inaugurado el viernes 18 de octubre de 1946.

El edificio consta de tres plantas más semisótano, estando cubierto por una amplia terraza, en la cual se encontraba en sus orígenes la vivienda del conserje. Para su construcción se emplearon zócalos de piedra de granito, muros de ladrillo y mampostería hidráulica. 


La composición de la fachada se realiza a base de bandas horizontales enfatizadas con diversos recursos entre las ventanas (rehundidos lineales en planta baja, paños de ladrillo caravista rojizo en la primera planta y ático), si bien la verticalidad se hace patente con la disposición de esbeltos huecos seriados, apilastrados incluso en la planta segunda. Aparecen ya numerosos detalles que, al margen del volumen limpio del edificio, maquinista si se quiere, nos informan de una vuelta en cierto modo al clasicismo decorativo, aunque todavía muy simplificado, casi abstracto, en frontones, paneles decorativos sobre las ventanas, rehundidos, cornisas o molduras.


Abandona esta Cámara de la Propiedad Urbana la fluida relación interior-exterior presente en los edificios de la etapa racionalista. El diseño de los huecos, verticales y seriados, equidistantes, viene impuesto por la utilización de muros de carga pétreos en fachada que impiden la disposición de ventanas longitudinales al modo de conocidas construcciones expresionistas que se habían levantado apenas una década antes. Estilísticamente, las fachadas adoptan un giro compositivo clasicista en sus proporciones.


Atendiendo a las pautas racionalistas, los edificios dejaron de tratarse como elementos individuales cuyos valores más destacables eran la estética y la decoración –propias del estilo modernista de principios del siglo XX-. Se comenzó a mostrar interés por el entorno, el ambiente, la higiene y el territorio, aceptándose la estética racionalista y su horizontalidad, sencillez estilística y apertura del espacio interior. Esto supuso una disociación entre función y forma, acentuada con la desornamentación y el interés por borrar las huellas estilísticas del pasado. La rotonda en esquina o ciertos elementos curvos y la inspiración en los rascacielos neoyorquinos y en el expresionismo alemán son rasgos evidentes en estas construcciones, especialmente en el caso del edificio de la Cámara de la Propiedad Urbana (1943); presenta una imagen maquinista y aerodinámica propia del racionalismo anterior a la Guerra, a pesar de ciertos toques decorativos academicistas, aunque geometrizados. Aun habiéndose construido en plena etapa autárquica, momento de crisis para el racionalismo en toda Europa y en el que las artes sufrieron la imposición del gusto clasicista y neoimperialista del régimen franquista, este edificio es una muestra de eclecticismo moderno, es decir, una arquitectura propiamente moderna pero que sigue patrones e influencias de líneas tradicionalistas. Es una muestra de que la Guerra Civil no supuso una ruptura total con la primera fase del movimiento racionalista a nivel internacional.


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