jueves, 1 de septiembre de 2016

UN NUEVO MECENAS EN CIUDAD REAL: EL CONTADOR FELIPE MUÑIZ Y EL CAMARÍN DE LA VIRGEN DEL PRADO (III Y ULTIMO)


 
Así era el camarín de la Virgen del Prado hasta el año 1936, año que fue profanado y destruido

Estudio Histórico-artístico

Siguiendo a los profesores Sainz Magaña y Herrera Maldonado (19) a finales del siglo XVII y principios de la siguiente centuria, los templos realizados en épocas anteriores se ven obligados a romper y modificar sus presbiterios para construir camarines, como lugares de especial veneración hacia las sagradas imágenes. Dentro de esta línea podemos citar algunos ejemplos como los existentes en la iglesia parroquial de Santa Maria (Alcázar de San Juan), Santuario de Nuestra Señora de la Virtudes (Santa Cruz de Mudela), Santuario de Nuestra Señora de Peñarroya (Argamasilla de Alba), Santuario de Nuestra Señora de las Nieves (Bolaños de Calatrava).

Es necesario tener también presente que en estos momentos se están realizando obras arquitectónicas y escultóricas de gran envergadura en esta ciudad: así el capitán Andrés Lozano financia el convento de los Mercedarios; Antonio Galiana el de las Carmelitas Descalzas o Juan de Villaseca la obra del magnífico retablo del altar de la Catedral de Ciudad real.

Podemos considerar la construcción de este retablo como un primer paso que nos conduce a la posterior realización del conjunto formado por la escalera y camarín de Nuestra Señora del Prado. Sabemos que fue encargado por el ciudadrealeño Juan de Villaseca, secretario del virrey de México para honra de su patrona. Tenemos noticia del comienzo y finalización de la obra, el cuatro de enero de 1612 y el mes de julio de 1616 respectivamente. Entre las condiciones que mencionan el acceso al nicho donde se encontraba la venerada imagen observamos la siguiente (20):

Yten que detrás del retablo, dende la capilla que a de quedar debaxo de la mesa del altar y gradas, a de subir una escalera de yeso hasta la caxa de Nuestra Señora del Prado para poder subir a vestirla y de mudarla. Y la dicha caxa a de tener puertas que se puedan abrir por detrás y el trono en que estuviere la imagen a de poder dar vuelta en redondo, como torno, para que se pueda vestir sin entrar en la caxa

 
Así quedo el camarín de la Virgen en 1940 tras su reconstrucción

Esta es la primera referencia alusiva a una estructura asociada al culto de la imagen, “una escalera de yeso”. La talla de la imagen de la patrona fue modificada a principios del siglo XVI con el fin de convertir una escultura sedente en otra vestidera según los gustos imperantes de la época. Por lo tanto la hornacina del nuevo retablo donde residía, debía tener algún acceso para poder ataviarla mejor. Esta entrada es a la que se refiere el citado fragmento de las condiciones de la obra.

No poseemos mas referencias documentales del conjunto que nos ocupa hasta la década de 1640. Pertenecen al ámbito eclesiástico, concretamente al carmelita descalzo fray Diego de Jesús María (21), prior de los conventos de Guadalajara y Ciudad Real a mediados de siglo. A este religioso le fue encomendada la labor de recoger los textos del archivo parroquial de Santa María del Prado con el fin de evitar su pérdida, entre los que se encontraban unos manuscritos elaborados por el licenciado don Juan de Mendoza y Porras, quien a su vez recibió el encargo años atrás de recopilar la historia de la aparición de la Virgen y la creación de la nueva iglesia. La recopilación de datos fue realizada en las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo XVII, aunque la licencia para imprimirlos no se concedió hasta el 4 de febrero de 1643. Siete años más tarde, en 1650, se publicó la edición que ha llegado hasta nuestros días. En ella nos relata:

“(…) En la mitad del, eminente al Sagrario esta la Imagen sacratíssima, en un trono de plata con rico Camarín a las espaldas, ventana rasgada, reja i vidrieras a fuera, que con la luz del Sol que le entra i oro que el se tiene, esclarece toda la Iglesia (…)”

 
Así es actualmente el camarín tras ser enriquecido con mármoles en el pontificado de D. Juan Hervás

En la época de la construcción del retablo no se menciona para nada el camarín, sólo una escalera por la que se accedía a la hornacina. Posteriormente, en 1643 ya existía “un rico camarín”. Sabemos que en la década de 1630 se realizaron importantes obras de mejora en la parroquia como la construcción de la nueva sacristía o el refuerzo de los estribos de la fachada del sol (22). Por lo tanto pensamos que la construcción del primitivo camarín mencionado por el religioso carmelita se debió realizar entre los años 1620 y 1640. Esta cámara, como demostramos a continuación no es la que conocemos en la actualidad.

La construcción de la escalera y camarín que hoy contemplamos está íntimamente unida a la figura de Felipe Muñiz Salcedo, personaje que ha pasado prácticamente desapercibido a lo largo de la historia hasta el presente estudio. Vecino de Ciudad Real, contador de los Reales Servicios de Millones de Ciudad Real y su Tesorería desde el año 1684 (23) hasta su fallecimiento el 3 de octubre de 1712 (24), profesó una gran devoción por la imagen de Nuestra Señora del Prado. Junto a su esposa Quiteria Vair, ingresó en la Cofradía de los Esclavos de la Madre de Dios del Prado de Ciudad Real en el mes de febrero del año de 1690 (25). Buena prueba de esta veneración es el comienzo de su testamento (26) fechado en 28 de septiembre de 1712, en el que leemos lo siguiente:

“(…) Confiesa la Santa Madre Iglesia Católica rromana, en cuya fe y crehenzia he vivido y protesto vivir y morir eligiendo por mi abogada e intercesora a la serenísima Reyna de los Angeles, María Madre de Dios y Señora Nuestra para que interceda ante su santísimo hijo y perdone mis pecados (…)”

 
A lo largo de los siglos el camarín fue objeto de donaciones de devotos. En concreto la actual lámpara de cristal fue un regalo de la familia de Enrique Frías Piqueras del año 1957

Este testamento supone para nosotros una inestimable fuente de noticias a la hora de clarificar los datos erróneos que hasta el momento se han venido transmitiendo acerca de este personaje y su cronología, reafirmando lo que últimamente venía sugiriéndose en los estudios más recientes: debemos retrasar la construcción de la escalera y camarín de la Virgen un siglo, pasando de los primeros años del siglo XVII a sus postrimerías: los primeros años del siglo siguiente.

La primera noticia documentada que tenemos sobre la construcción de la escalera está contenida en el libro de la cofradía de la Virgen del Prado (27), donde se nos narra uno de los milagros que se produjo por intercesión de la patrona de Ciudad Real. El comienzo del milagro dice así:

En 5 de julio de 1698 años trujo a el cementerio desta Yglesia la primera galerada de piedra para acer la escalera del Camarín de Nuestra Señora (…)”

Por esta noticia de carácter devocional sabemos que la fecha de inicio de construcción de la escalera se aproximaría a la última década del Seiscientos.

Desgraciadamente existe una gran laguna documental entre el año 1698, fecha de la primera galerada de piedra y el 28 de septiembre de 1712, fecha del testamento de Felipe en el que se nos narra textualmente (28):

Yten declaro que por quanto mi principal devoción y anelo a ssido siempre el fenezer la obra del sacro camarín de Nuestra Señora del Prado que tengo comenzada (…)”

 
Actualmente en las paredes del camarín podemos ver diferentes pinturas de la Virgen de varios siglos, y las letras apostólicas de la Coronación Canoníca de la imagen y de la declaración del templo como basílica, ambas de 1967

Por lo tanto sabemos que la obra se estaba prolongando en el tiempo, pero no tenemos constancia escrita de su desarrollo. Revisando los protocolos notariales de los últimos años del siglo XVII y primera década del siguiente nada hemos localizado sobre la obra que nos ocupa (29). Consultados los libros de fábrica de la parroquia tampoco hemos encontrado ningún dato más en torno a la ejecución de estas obras. Sin embargo sabemos que Felipe Muñiz al morir fundó un Vínculo perpetuo (30) para que se dijeran misas en el camarín todos los viernes del año, dejando muy claro que el dinero que reservaba para el citado vínculo no podía mezclarse con los bienes de la fábrica; debía ser un dinero destinado exclusivamente a tal efecto y se tendría que administrar separadamente de los bienes de la Iglesia de Santa María del Prado. Esta es la razón por la que pensamos que en los libros de fábrica no hay ninguna noticia al respecto. Estos datos debieron recogerse en libros destinados a ello pertenecientes a los herederos del Contador, cuyo paradero desconocemos en la actualidad.

El proceso de construcción de la escalera y camarín puede seguirse con todo detalle a partir de la muerte de Contador, gracias a la ejecución de algunas de las disposiciones testamentarias llevadas a cabo por su mujer Quiteria Vair, verdadera artífice de los deseos de su esposo, sin cuya labor no hubiere podido terminarse la mencionada obra.

El cinco de marzo de 1713 se contrata la obra de la escalera y camarín de la Virgen del Prado (31). Previamente Francisco Pantaleón de Ribas, maestro de cantería, oriundo de la villa de San Pantaleón de Aras, firmó un poder notarial (32) en el que encargaba al también maestro mayor de obras Juan de Villanueva Castillo, natural de la villa de Ajo que se hiciera cargo de todas las obras iniciadas por ambos en la ciudad ante la imposibilidad de atenderlas él personalmente por estar ocupado en otras muchas. Una vez otorgado el mencionado poder se iniciaron los trámites para contratarla. Como principales maestros ejecutores figuran en este documento el mencionad Juan de Villanueva y Sebastián de Paz, maestro de obras, vecino de Ciudad Real. Como sus fiadores encontramos a Martín Picazo y a Juan de Paz.
 
 
Puerta de entrada a la sacristía del camarín

En este documento se enumeran pormenorizadamente las condiciones generales con las que debía efectuarse la obra: materiales, medidas, bóvedas, escalones, baldosas, techos, exteriores, pagos, tiempo de ejecución, etc. e incluso hace referencias al estilo o al tipo de iluminación que debería conseguirse para que todo el conjunto quedara con el decoro debido. Respecto a la obra que nos ocupa merecen destacarse los siguientes detalles:

y es condizion que la yesería de dicho camarín será una media naranja fajeada doble, con su floron, la armadura de la cornisa del anillo será una cornisa dórica, se hechara su banquillo con un alquitrabe, rresalteando dicho alquitabre conforme viene lo fajeado; la cornisa que viene a nivel para elijir las formas de la media naranja será de buena labor; en las quatro pechinas se dejaran quatro obalos guarnecidos de talla, y en dicho obalos se pondrán quatro pinturas a la elección del Señor de la obra y a su costa

Con condición que en dicho camarin se a de hazer un altar con su peana y grada, y a de ser de jazpe,  y todo lo demás del camarín; y  a la entrada de dicho camarin se a de hazer un arco de ocho pies de ancho y en el ante camarin a donde haze mesa se hechara un suelo de cuadrado de quartones a quanta uno de otro de bovedillas

 
El artesonado de la sacristía proviene del desaparecido Monasterio de las Madres Dominicas de la calle Altagracia

La cúpula a la que aluden las condiciones es la que conocemos en la actualidad. Debemos destacar que la ejecución de cualquier contrato no siempre llegaba a cumplirse en su totalidad ya que podían surgir modificaciones a lo largo del tiempo que durara la obra. Este es el caso de la cúpula del camarín. Actualmente en las pechinas no hay pinturas como afirma el contrato sino unas bellas tallas de los cuatro evangelistas.

Este documento se complementa con otro fechado el 16 de junio de 1715 (33), en el que volvemos a encontrar al maestro Sebastián de Paz, en este caso acompañado de Juan Paz, su hermano y también maestro, firmando un contrato con Juan de Nates San Román, maestro de cantería, vecino de la ciudad de Toledo, según el cual este último debía labrar la piedra de mármol jaspe, procedente de la villa de urda, necesaria para terminar los escalones, mesas y tarimas de la escalera y camarín del Prado. El material debía estar entregado en el plazo de un año.

A partir de esta fecha vuelven a escasear las noticias sobre el proceso de construcción, motivadas por el mal estado de conservación de los protocolos notariales que constituyen la fuente principal para este estudio. Suponemos que todo el proceso pudo alargarse unos años más, quedando abierta la posibilidad de que se introdujeran algunas variaciones en el proyecto original, circunstancia habitual en todos los procesos arquitectónicos, de estas épocas, motivadas por el paso de los años, la lentitud de los pagos por parte de los administradores de las disposiciones, así como de la natural alternancia de maestros en los trabajos, dada su frecuente movilidad geográfica.

 
Vista de la sacristía

El camarín permanecería sin variaciones importantes desde aproximadamente el segundo tercio del siglo XVIII hasta las primeras décadas del siglo XX, momento en el que tendrían lugar las importantes reformas de la parroquia para convertirse en sede prioral y más tarde, ya en el siglo XX, en Basílica. Sabemos que en el Cabildo celebrado el 19 de mayo de 1910 (34) se aprueba un informe alusivo a las cuentas y la fábrica del camarín. En este sentido citaremos las intervenciones realizadas por el taller de los García Coronado (abuelo y padre del maestro Joaquín García Donaire) entre los años 1910 y 1940, según documentos (35) e inscripciones encontradas durante la actual restauración. En 1918, el maestro Ángel Andrade, supervisó las obras del camarín realizadas por el escultor Argüello, cuyo mayor exponente es la reforma de la ventana inmediata al camarín (36). Durante la época del obispo Hervás se acometieron diversas obras de embellecimiento, que afectaron el enriquecimiento de sus paramentos, aplicando mármoles de distintos colores.

Pilar Molina Chamizo, Doctora en Historia del Arte, y Juan Crespo Cárdenas, Licenciado en Historia del Arte. Revista “Veracruz”, Puertollano 2011, páginas 53-61.

 
Por  la sacristía se accede al trono de la Virgen

(19) HERRERA MALDONADO, E. y SAINZ MAGAÑA, E., en Ciudad Real y su provincia, Vol. 3, Gerver, Sevilla, 1997, pp. 251.
(20) Archivo Parroquial Santa María del Prado (APSMP), leg. 534, fol. 12v.
(21) DE JESÚS MARÍA, fr. D., Historia de la imagen de Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real, Ed.: Facsímil, Caja de ahorros de Cuenca y Ciudad Real, Ciudad Real, 1985 (original 1650), fol. 113v.
(22) Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real (AHPCR), Protocolo 64 bis. Escribano Juan Arias Ortega, fol. 57r-58v.
(23) AHPCR, Protocolo 230. Escribano Pedro Fernández Moreno, fol. 214r-214v.
(24) APSMP depositado en el Archivo Diocesano de Ciudad Real, Libro de defunciones nº 8, Parroquia de Santa María del Prado, fol. 86v.
(25) APSMP, leg. 546, Libro de la Cofradía de los Esclavos de la Madre de Dios, fol. 43r.
(26) AHPCR, Protocolo 230. Escribano Pedro Fernández Moreno, fol. 156r-169r.
(27) APSMP, leg. 546, Libro de la Cofradía de los Esclavos de la Madre de Dios, fol. 47v.
(28) AHPCR, Protocolo 230. Escribano Pedro Fernández Moreno, fol. 164r.
(29) Muchos de los protocolos de este periodo conservados en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real no pueden consultarse dado su delicado estado de conservación.
(30) AHPCR, Protocolo 230. Escribano Pedro Fernández Moreno, fol. 168r.
(31) AHPCR, Protocolo 230. Escribano Pedro Fernández Moreno, fol. 29r-35v.
(32) AHPCR, Protocolo 230. Escribano Pedro Fernández Moreno, fol. 27r.
(33) AHPCR, Protocolo 248. Escribano Antonio Peñuelas, fol. 60r-61v.
(34) Archivo Catedral de Ciudad Real (ACCR) depositado en ADCR, Libro 5º de Cabildos, años 1904-1911, fol. 347r.
(35) ACCR depositado en ADCR, Carpetas de justificantes, sin catalogar, 20 de junio de 1910.
(36) LOPEZ SALAZAR, C., Andrade, BAM, Toledo, 1989.


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