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jueves, 31 de octubre de 2019

EL 1 DE ENERO DE 1973 SE DEJÓ DE TRASLADAR PROCESIONALMENTE LOS CADÁVERES DE LOS DIFUNTOS AL CEMENTERIO DE CIUDAD REAL


Portada de la revista “Vida Manchega” publicada el 10 de abril de 1916, donde se puede ver la procesión con el féretro Doña Teresa Rosales, viuda de de Medrano, al salir de su domicilio en la calle Caballeros

Hasta el año 1972, era costumbre en nuestra ciudad, el acompañamiento del clero parroquial en procesión, desde la casa mortuoria, es decir, en la casa donde el óbito se había producido, o en la que había sido depositado el cadáver para ser trasladado a la iglesia donde se celebraban las exequias, costumbre que se sigue manteniendo en muchos pueblos de la provincia. Por razones de tráfico, se suprimió en Ciudad Real esta costumbre, por un decreto del entonces Obispo-Prior, D. Juan Hervas, que comenzaría a aplicarse desde el 1 de enero de 1973, y que fue publicado en el boletín oficial del obispado en noviembre de 1972. A continuación reproduzco el decreto:  

Decreto del Obispo Prior sobre el nuevo Ritual de Exequias.

La Comisión Episcopal de Liturgia publicó el 3 de diciembre de 1971 en nuevo ritual de exequias, preparado según las directrices del Concilio Vaticano II, y confirmado por la Sagrada Congregación para el Culto Divino el 23 de septiembre del mismo año.

Encomendamos a la Comisión Diocesana de Pastoral y a la Subcomisión de Liturgia realizar los estudios previos para su implantación en nuestra -diócesis y para ello se celebró, una reunión de delegados arciprestales de Liturgia el 6 de mayo de 1972 y otra del Colegio de Arciprestes el  25 del mismo mes, que estudiaron los pormenores a que da origen la pluralidad de tipos de celebración previstos en el nuevo ritual. Como no hubiera plena, unanimidad de pareceres en algunos puntos, hicimos una consulta a todos los sacerdotes el pasado mes de septiembre.

Vistos los resultados de esta encuesta, y oídos los asesoramientos de nuestros colaboradores, decretamos lo que sigue:

l.-El nuevo ritual de exequias entrará en vigor en nuestra diócesis el día primero del próximo año 1973.

2.-El rito normal de la celebración exequial será el tipo I, modalidad simplificada, descrito en los números 102 al 122 del ritual, completado con la “estación en la casa del difunto”, como se describe en los números 71 al 76 del mismo ritual; es decir, se mantiene el levantamiento del cadáver y su traslado procesional desde la casa mortuoria a la iglesia, excepto en la capital, donde razones de tráfico imponen que el rito exequial comience en la iglesia suprimiéndose el levantamiento del cadáver y el traslado procesional.

3.- Si en alguna otra población existiesen las mismas razones, podrá seguirse la misma norma de la capital, pero a condición de que el párroco cuente para ello con la conformidad de los feligreses, a los que habrá que consultar previamente, dándoles un plazo conveniente, antes de tomar la decisión. Si en la población hubiera varias parroquias, todas observaran la misma norma.

Fotografía publicada en la revista “Vida Manchega” el 10 de agosto de 1917, donde se puede ver la procesión con el féretro D. Juan Ayala

4.- La estación en la casa del difunto se hará con vestiduras sagradas, pero se suprimirá el canto durante el traslado procesional de la casa a la iglesia. Incluso en la iglesia, si no puede interpretarse decorosamente el canto, es preferible hacer el rito recitado.

5.- El rito exequial lleva consigo siempre la celebración de la Santa Misa, a no ser que lo impidan las rúbricas o que resulte totalmente imposible.

6.- Ordinariamente se utilizará el calor morado para las exequias de adultos y el blanco para las de niños, aunque pueda también utilizarse el negro donde existan ornamentos preciosos de este color.

7.- Recomendamos vivamente a los párrocos que aprovechen las reuniones de familiares y de todo el pueblo de Dios a que da lugar la muerte de los fieles, para tener con las personas reunidas en la casa mortuoria, corpore insepulto, alguna celebración de plegaria, donde no falte la lectura de la palabra de Dios y el comentario homilético, que sirva de consuelo y haga brillar la fe y la esperanza.

8.- Es muy de alabar, y lo recomendamos encarecidamente, que alguno de los presentes mientras se da sepultura al cadáver en el cementerio, dirija alguna oración comunitaria por el difunto, pudiendo utilizar alguna de -las oraciones contenidas en los números 97 y 100 del ritual.

En esta ocasión creemos oportuno recomendar también que, en la celebración de la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos (2 de noviembre), se procure dar un carácter más catequético y pastoral a las celebraciones en el cementerio, preparando un rito digno y comunitario, y evitando, si es posible, la recitación de responsos.

Confiamos que el buen sentido pastoral llevará a todos los sacerdotes a saber aprovechar la riqueza de formularios que ofrece el nuevo ritual, para que las celebraciones exequiales alcancen los frutos que pretende la Santa Madre Iglesia.”

Procesión con el féretro D. Rafael Martín Herrera, fotografía publicada en la revista “Vida Manchega” en mayo de 1918

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