domingo, 30 de marzo de 2014

DIEGO DE MEDRANO Y TREVIÑO, MONROY Y TREVIÑO



Entre los miembros de la familia Medrano y Treviño que se encuentran enterrados en el cementerio de Valdarachas, esta el personaje de mayor interés histórico y familiar de la casa Medrano. Me estoy refiriendo a D. Diego de Medrano y Treviño, nació en Ciudad Real, el día 13 de noviembre de 1784, siendo bautizado, con los nombres de Diego, María, Serapio, el día 15 en la iglesia parroquial de Santa María del Prado y cuyo bautismo figura en el libro 22, folio 2.°, de aquel archivo.

Su padre  y abuelo fueron Coroneles del Regimiento Provincial de Milicias. Con todos estos antecedentes es natural que don Diego fuera también militar cabiéndole la gloria de hacer toda la Guerra de la Independencia. Su hoja de servicios militares (Archivo Histórico Militar de Segovia), se inicia el día 1 de septiembre de 1808, como cadete, terminando en 1819 con el grado de teniente coronel del Real Cuerpo de Artillería.

Como tantos otros españoles de su época, del ejército Don Diego Medrano pasó a la política, siendo diputado a Cortes por la provincia de La Mancha entre 1820 y 1822; y llegando a Ministro de la Gobernación en 1822, con el primer Ministerio de Martínez de la Rosa, en cuyo cargo sustituye a Moscoso. También senador por la provincia de Castellón y Jaén, entre 1822 y 1823. Tenía treinta y nueve años.


Pero a finales de 1823, con la caída del Régimen liberal, en aquella época de tantas inestabilidades y revueltas políticas, Don Diego, en plena época de exaltación romántica y como ardiente defensor de sus ideas liberales con las armas en la mano, a riesgo de su vida, se enfrentó a las tropas reales de los Cien Mil Hijos de San Luis de ese mismo año; lo que no evitaría convertirse en un militar deshonrado y condenado al ostracismo, pero también al exilio interior durante la Década absolutista (1823-1833).

Regresa pues a Ciudad Real bastante desilusionado, si bien durante esta década la dedica a la reflexión política, técnica y socioconómica. En este periodo se dedica a organizar y ordenar los papeles de su viejo archivo familiar, redacta varios libros monográficos interesantísimos sobre aspectos geográficos, técnicos y socioeconómicos de su tierra (publicados más tarde); y se dedica a su hacienda particular, diseñando varios árboles genealógicos de su propia familia. Pero principalmente, reflexionará sobre sus convicciones y proyectos políticos futuros, a los que piensa aplicar en una mejor ocasión, para poder sacar a aquella sociedad española del subdesarrollo y de la decadencia sociopolítica.

Sus deseos llegaron en 1834, a la muerte de rey Fernando VII, (si no el peor rey de España); regresando de nuevo a la política como Procurador en Cortes por Ciudad Real (una vez extinta la provincia de La Mancha), junto a sus paisanos, don José Vicente Baillo, don Rafael Cavanillas, don Ramón Giraldo y el Marqués de Monte Nuevo. Al año siguiente, sería nombrado Vicepresidente del Estamento de Próceres.


Siendo Ministro de Interior, en 1835, Medrano firmó la primera disposición española sobre Cajas de Ahorros (Real Orden de 3 de Abril de 1835), erigiéndose la primera, en Madrid, en 1838.

Aunque Don Diego Medrano seguramente no tuviera mucho tiempo para escribir, si fue durante su década de reflexión y aislamiento provincial, cuando no perdería el tiempo en la redacción de algunas de sus monografías más especializadas, que a modo de ensayo, describía también las peculiaridades económicas, técnicas y morales de su querida Ciudad Real, que dedicaría a la Sociedad Económica de Amigos del País de esa provincia (edición del 30 de abril de 1841).

Don Diego Medrano y Treviño murió soltero en Ciudad Real, el día 2 de julio de 1853 (libro 18, folio 21, del Archivo de la Merced). Falleció de un ataque cerebral a los sesenta y ocho años de edad, asistiendo a su entierro las tres parroquias de su ciudad, recibiendo cristiana sepultura al día siguiente en el mismo cementerio que existe hoy en Valdarachas; donde permanece el panteón familiar. Hizo testamento, bajo el Fuero Militar, en la Capitanía General de Madrid, el día 1 de diciembre de 1826, nombrando por universales herederos a sus hermanos don Francisco y don Lorenzo.


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