miércoles, 8 de marzo de 2017

CONVERSACIONES EN EL PILAR: PLAZA MAYOR



La plaza de las villas y ciudades siempre ha sido el corazón de las mismas. Alrededor de ella se vierte la población en calles, avenidas y recónditos lugares; la plaza mayor marca el tono existencial del lugar. Imprime la personalidad de la villa. Así, en ciudades tan monstruosas como pueda serlo ya Madrid, visitar su Plaza Mayor es casi, casi abrir el libro de su historia por las primeras páginas y comprobar que la gran ciudad que es hoy, fue otras veces una gran población.

La Plaza Mayor de Ciudad Real, con la última y reciente remodelación, debería ser el espejo en que se refleja el carácter de la ciudad, su personalidad y, en suma, su historia. Sin embargo creo que presenta algún rasgo, que pudo ser evitado, de lo contrario. Al menos nuestra Plaza Mayor, tal y como hoy es, dista bastante de mostrar nuestra personalidad, aparte de carecer de un grato acogimiento.

Posee la amplitud suficiente que le permite ser soleada en invierno, y está lo suficientemente cerrada para ser una auténtica plaza. Existen muchos lugares en los que la plaza es un mero cruce de calles o avenidas. No es éste el caso de nuestra plaza, en la que sólo inciden tres calles, lo que permite hacerla peatonal, como muy acertadamente se ha hecho. Otro acierto es haberla habilitado para aparcamiento -¿por qué “parking”?- subterráneo, con lo que se aleja de ella el siempre molesto tráfico rodado.

Sin embargo, entre tanta piedra granítica y esas losetas de mármol -¿mármol?- de las columnas de los soportales, produce sensación de frialdad, de escasa humanidad. Apenas unas flores junto a la fuente. Menos mal que el agua soslaya algo tal frialdad afectiva. El Rey y la fuente, ambos en el mismo lado de la plaza, ocultan esa zona de soportales –que ahora serán los tristes-, con lo que este detalle tan castellano vese disminuido por tal situación real y líquida.

Es cierto que el mejor lugar del Rey es la Plaza Mayor, pero no necesariamente en esa parte. ¿No podría haberse mantenido en el centro, por ejemplo? Falta en todo el conjunto cierto tono el conjunto cierto tono verde, arriates con plantas, flores, algún arbolito. En fin, se me antoja pensar que, entre la mezcla de estilos arquitectónicos que la rodean por una parte, la sequedad y austeridad de la piedra, la desvirtualización de los soportales, por otra –han perdido el relieve que antes poseían-, se ha convertido en una Plaza Mayor fría, desangelada, sin estilo propio y, obviamente, muy alejada de lo que es una villa manchega: acogedora, afable y muy humana.

También es verdad que uno, como en tantas otras cosas, ignora los problemas técnicos y las directrices arquitectónicas europeas, pero qué nos importa si se trata de tener una Plaza Mayor, reflejo de nuestro ser, y sitio acogedor para la charla y el paseo grato y amigable. Algo menos geométrica, menos insustancial, más grácil hubiera puesto una nota de mancheguismo, pero se ve que estamos entrando en Europa. Qué le vamos a hacer.

Francisco Mena Cantero. Diario “Lanza”, 22 de octubre de 1988


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