lunes, 6 de marzo de 2017

UNA PLAZA MAYOR PARA CIUDAD REAL


 
La Plaza mayor tras la reforma de 1988. Fotografía del archivo del centro de Estudios de Castilla- La Mancha https://www.flickr.com/photos/ceclm/

El arquitecto Diego Peris, autor del primer proyecto de peatonalización de la Plaza Mayor, analiza en este artículo el camino que ha seguido la obra hasta su final y las diferencias existentes con aquel proyecto inicial. Para Peris, el proyecto realizado no es el proyectado, salvo en su concepción básica del espacio central, lo que, en su opinión, le ha hecho perder su coherencia interna y no responderá a los planteamientos que lo sustentaban. Por otro lado, Diego Peris manifiesta que todavía es posible la instalación de arbolado y que la obra sigue abierta al “uso” y la crítica que revise sus defectos posibles.


El ejercicio de la arquitectura no es un mero divertimento del diseño por el diseño, o al menos no debería serlo.

La arquitectura como proceso de creación obedece a un modo de raciocinio, a una concepción de la realidad que define previamente el objetivo a conseguir y lo proyecta para convertirlo en un hecho concreto.

Como ejercicio mental, obedece ya a una lógica, a una forma de pensar que establece el hilo conductor del proyecto resultante. Cuando ese argumento básico subyacente en el proyecto se destruye, el proyecto pierde su coherencia, su racionalidad y en muchos casos su valor.

Y en el caso de la arquitectura esa lógica, a diferencia de otras artes, no sólo está presente en su concepción, sino en su relación funcional y en su modo de ejecución.

La arquitectura no se acaba en su concepto, ni en su plasmación proyectual, sino que se realiza en su materialización concreta, en su ejecución y en su función. La racionalidad del proyecto se exige en su modo de construcción, de traducirse en hecho físico y en su modo de funcionar.

Hecha esta a modo de introducción, analizaría los conceptos subyacentes en un proyecto como el de la peatonalización de la Plaza Mayor de Ciudad Real. La realización de un proyecto como este, supone la definición de unos conceptos básicos generales en la mente del proyectista que podría resumirse en los siguientes aspectos:

1. LA PLAZA COMO ESPACIO PÚBLICO DE PARTICIPACIÓN

La posibilidad de recuperar un espacio como la Plaza Mayor constituye una oportunidad única. Un espacio como la Plaza Mayor de Ciudad Real ha estado condicionado en su uso por la presencia del tráfico que anulaba su utilización real dejando un islote de difícil acceso en su centro que a lo largo de los años y a pesar de los cambios formales ha demostrado que no ha sido asumido por el uso de la comunidad.

Con ocasión de la construcción del aparcamiento subterráneo se plantea la decisión de peatonalizar el conjunto propiciando así su recuperación, recuperación que obedece a dos criterios básicos:


-La posibilidad de establecer una red peatonal que conecte las calles Postas, Cruz, Carlos Vázquez y General Aguilera estableciendo una amplia zona de carácter exclusivamente peatonal.

Ello con los problemas de tráfico que pueda generar, supone un logro muy importante y creemos que demostrará su eficacia para la vida de la ciudad.

-Y por otra parte la posibilidad de recuperar un espacio representativo y simbólico centro de actividades públicas, de participación y de actividad social.

El concepto básico de lugar representativo, público, capaz de acoger actividades cívicas en toda su dimensión aconseja realizar una plaza “dura” entendiendo por tal aquella en la que los elementos que aparecen no perturban las posibles actividades a celebrar allí, ni siquiera la visión global de la misma.

La posibilidad de suprimir el viario y concebir el espacio-pavimento como una unidad concede una valoración dimensional distinta a la que teníamos anteriormente. Y por ello el proyecto surge como una unidad total que resuelve el solado como un continuo que se introduce en los soportales llegando hasta el límite de lo construido. Sólo una ligera diferencia pretendía asegurar las posibilidades de actuaciones más frecuentes en los soportales (conexiones a la red de agua y alcantarillado) y por ello en el proyecto se proponía un pavimento pétreo en color verde oscuro que mantenía una cierta continuidad cromática con el granito central.

El esquema central del solado asume la irregularidad de la plaza, los dos lados mayores no son paralelos, y produce un encuentro irregular entre las dos direcciones. El ritmo de los cuadros marca una media al conjunto y rompe la monotonía dentro de lo uniforme y de la sobriedad del contraste.

Sólo un elemento decididamente irregular rompe el esquema geométrico del conjunto. La fuente situada al fondo con forma irregular y rota, en un material distinto (mármol blanco) sirve de frente a la plaza, oculta la rampa de entrada e introduce el agua como elemento importante en el conjunto del proyecto.


2. ARQUITECTUTA PARA LA COMUNIDAD

La arquitectura y de modo especial la “obra pública” tiene un carácter de servicio y utilidad para la comunidad.

Probablemente la plaza como elemento representativo está hoy todavía cargada de ciertas reminiscencias demasiado próximas. Y por ello será necesario explicar y llenar de contenido un espacio público: espacio de participación social y política que sirva de acogida a los actos y manifestaciones de todo signo. Espacio de carácter festivo y participativo que debe servir para las celebraciones populares más diversas. Espacio de carácter cultural que podrá ser el foro de celebraciones varias: feria del libro, conciertos, teatro de calle… Espacio comercial que revitalizará con su nueva configuración la del propio ámbito y la de las zonas próximas. Y espacio lúdico que puede y debe ser con la presencia de los establecimientos próximos un lugar más de disfrute para todos.

Probablemente en este espacio, estamos acostumbrados a un uso muy restringido en su contenido y en sus momentos. La forma, probablemente, se ha adelantado a la función, pero el uso es posible y necesario para nuestra ciudad y por ello creemos que es buena su realización.

3. ARQUITECTURA DE LA AUSTERIDAD

La arquitectura pública es arquitectura “austera” en su significación y en su presencia. La ostentación solo hace referencia a personalismos y a una forma del poder público poco acorde con una estructura democrática.

La obra pública tiene ese carácter de austeridad que confiere la utilización de los medios públicos al servicio de la comunidad.

Y al emplear el término de austeridad queremos decir presencia sobria, sin intentos de manifestar el poder económico, pero presencia digna y con un nivel de calidad que como ciudadanos nos merecemos.

Queremos decir arquitectura más próxima a lo racional que a lo “folklórico”, sin renunciar a los lenguajes actuales y por supuesto con la máxima calidad de diseño arquitectónico.

Hablamos de austeridad de la significación y austeridad  del lenguaje. Los materiales nobles, de calidad no deben manifestar su coste como si de venta del poder se tratase y el lenguaje racional debe asumir que se habla en nombre y para toda la comunidad.
 

4. LA OBRA REALIZADA

La obra realizada, sin embargo, no es la proyectada. El pavimento de los soportales, y la parte posterior del Ayuntamiento se ha resuelto con una baldosa bicolor en damero con una franja de mármol negro que la separa del espacio central.

La fuente, forma irregular y rota en su concepción, se ha rematado con una gruesa moldura curva que hace difícil la irregularidad y altera totalmente su significado. Esa sobriedad se rompe de nuevo allí bruscamente con remates de mármol negro en el soporte de colocación de la figura de Alfonso X, mientras que los tubos de acero inoxidable se sustituyen inexplicablemente por conductos galvanizados.

La parte portero modifica su trazado creando espacios que definen relaciones complicadas y difíciles de entender..

Los remates de las rampas, especialmente la posterior, remiten a lenguajes nada acordes con el proyecto y con referencias a expresiones conocidas en otros medios. Igual ocurre en el interior de la rampa de entrada, mientras que en el remate de la escalera parece recuperarse una corrección de diseño diferente de las anteriores.

El proyecto realizado no es evidentemente el proyectado (para lo cual el director de obra es totalmente libre). Pero cuando menos, es necesario dejar constancia de que salvo en su concepción básica del espacio central el proyecto es distinto radicalmente del original. Y cuando menos, sin entrar por ahora en valoraciones críticas (a las que deberíamos acostumbrarnos por otra parte) ha perdido totalmente su coherencia y no responde de ninguna manera a los planteamientos iniciales que lo sustentaban. Y ello se refleja negativamente en el resultado final de obra.


5. ARQUITECTURA PARA UN FUTURO

La “obra pública” abre siempre nuevos caminos en el desarrollo de la ciudad. Y esto, en el caso de la pavimentación de la Plaza Mayor es evidente. La obra de pavimentación hace aún más palpable que ante la necesidad de actuar sobre los edificios y fachadas que conforman esta plaza.

La gestión pública puede y debe aunar los intereses diversos que allí se presentan en incentivar la necesaria renovación.

La obra realizada está pidiendo una actuación rápida y enérgica en este aspecto. Ahora más que nunca es necesaria la renovación del elemento que conforma el espacio global de la plaza.

Lo cierto es que hemos avanzado positivamente en la renovación de nuestra ciudad. Y ello con la aportación de todos. Aquellas reflexiones de Brecht ante la historia siguen siendo verdad: la ciudad la construimos entre todos con nuestra aportación económica, nuestra crítica, nuestro apoyo y nuestras demandas.

Y en este sentido bueno sería reflexionar sobre algunas demandas puntuales. El espacio total no se perdería con la presencia de bandas de arbolado en los dos laterales y frente del ayuntamiento. Existe una zona sin sótano debajo que lo permite y no sólo no se anularía el espacio libre necesario, sino que se acotaría en su encuentro con el espacio lateral de circulación.

La obra completada, sigue “abierta” al uso y a la crítica que revise sus defectos posibles. En cualquier caso hay un espacio en la ciudad que hemos ganado entre todos. Algunos preferirán seguir viendo todo como negativo y a otros les parecerá todo perfecto.

Siguen siendo “malos tiempos para la lírica” en esta civilización de “chicos pálidos para la máquina”.

Pero sigue cantando Leonard Cohen “incluso sí a los ángeles proclamándolo en las alturas. No hay cura para el amor”.

Diego Peris Sánchez. Diario “Lanza”, 20 de julio de 1988, página 5

 
Lorenzo Selas Céspedes fue el Alcalde que realizó las obras de reforma de la Plaza Mayor. Fotografía del archivo del centro de Estudios de Castilla- La Mancha https://www.flickr.com/photos/ceclm/

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