miércoles, 8 de febrero de 2017

COMERCIOS DE LA PLAZA MAYOR EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX (II)


 
Vista de la Plaza Mayor en los años sesenta del pasado siglo. Postal perteneciente al Centro de Estudios de Castilla-La Mancha https://www.uclm.es/ceclm/

Cruzamos la calle y nos encontramos en los portales llamados los "tristes", sin duda por el menor movimiento que tenían y eso que desembocaban en el antiguo mercado, que como se sabe estuvo hasta los años cuarenta y ... al final de ellos, con la puerta principal a continuación de lo que fuera cuartelillo de la Policía Municipal. En el número 9 estuvo muchos años una papelería muy popular entre los chicos. Su dueño se apellidaba Bermúdez, pero se le conocía más por "Seisdedos", ya que en una de las manos tenía, efectivamente, seis dedos. Aparte los artículos propios de una papelería, como lápices, plumas, cuadernos, etc., tenía bolas, piedras recubiertas con fósforo, matasuegras y hasta pequeños cohetes, que hacían las delicias de los chicos que vivíamos en la Plaza. Luego, a su muerte, este número 9 y el 10 se convirtieron en tabernas y pequeños bares, entre ellos, que recordemos, "La Oficina" y "El Surtidor", el primero a cargo de Alfonso Gómez, hombre muy ducho en el oficio de barman, que despacha muchos barriles de cerveza, bebida que por aquel entonces se puso de moda, desbancando al vino y al vermouth. Allí hubo también un despacho de encargos para alguna línea de viajeros y más tarde la churrería de Blas.


En el número 11 se instaló un comercio de tejidos con el nombre de "La Giralda", que fue cerrado no hace muchos años y que sucedió a una taberna, pues por razones o motivos que no hemos de justificar nosotros, se han sucedido buen número de ellas en esa zona. Por los años veinte existió una sombrerería de señoras, a cuyo frente estaba Vicente Ruiz "El Florista", en el número 12, que posteriormente albergó a la Relojería "La Exacta", propiedad de don Ángel Pérez.


En el número 14 se estableció por los años 1929 o 1930, Julio Lozano, con una taberna que pronto se hizo popular. La taberna era consideraba más bien como freiduria al estilo de tantas como había en Madrid, en las calles próximas a la Puerta del Sol. Aunque parezca mentira hoy, Julio daba bocadillos por un perro (10 céntimos) con un francesillo abierto por el centro (lo que después se ha llamado un chusco pequeño de pan) y en su interior una hermosa sardina rebozada; si en vez de la sardina el pan llevaba una chuleta, el precio era un real (25 céntimos). Ya se puede suponer que la clientela era numerosísima, buen parte de ella estudiantes de Bachillerato o Magisterio, y en muchas ocasiones la afluencia obligaba a guardar cola. La esposa de Julio Lozano era una eficaz colaboradora en el negocio, pues sabia darle un punto excelente a los fritos. Luego lo traspasó a un negro conocido por "El Semprú" y más tarde se quedó con el negocio el popular Paco Carrión, fallecido no hace mucho, gran aficionado a la Fiesta Nacional y excelente tocaor de guitarra.


En el número 15 estuvo la taberna y churrería de "El Geringón", hombre de gran presencia, que fue muchos años rey de los "armaos" en la Hermandad del Santo Sepulcro, y al que sucedió Juanito el churrero, que sabia darle un punto excelente a las hermosas roscas de tallos o buñuelos. Por los años 30 estuvo en ese mismo local el establecimiento de comestibles "La Chabola", posteriormente ocupado por la exposición de materiales de construcción y saneamiento de la Casa Fernández o Vda. de Ángel Chacón, que por los dos nombres se conocía.


Y ya llegamos al 16, que era una de las posadas que había en la Plaza. Esta era la llamada de "El Sol", que fue de la Josefa y posteriormente de Pepe y Peñasco, donde paraban las diligencias (coches de mulas) que llegaban diariamente de Piedrabuena y otros pueblos con viajeros y encargos. En esta posada estuvo muchos años de mandadero, para hacer recados, uno de los tipos más populares de Ciudad Real, "Maceo", de quien hemos oído contar que cuando murió, sus amigos lo enterraron con música. Nosotros llegamos a conocerlo.



En el 17 estaba la taberna de la Guía, que después fue de Pilar, hombre afectuoso y serio. Posteriormente estuvo el Restaurante Manchego, donde se comía bien y barato, con raciones abundantes. Le sucedió en la ocupación de este local la Gestoría y Escuela de Automovilistas "San Rafael".


El número 18 fue durante mucho tiempo -a principios casi del siglo- la taberna de la Viuda, a la que ayudaban en el negocio sus tres hijas. Hubo luego en ese mismo lugar un despacho de licores y una pequeña tienda de ultramarinos y ya más adelante el Bar "Los Candiles", propiedad de Pepe "El Válbula", que luego traspasó el Bar "Asturias".


En el 19 estaba la casa de don Joaquín Ruiz Moya, desde 1850, y posteriormente de la familia Ruiz Lorente. Luego, en los bajos, a su fundación, se estableció el Sindicato Agrícola Católico. Fueron sus principales promotores el marqués de Casa Treviño, don Juan Treviño Aranguren, ilustre prócer manchego víctima de la persecución del año 36, y el canónigo don Jesús Andíes, paladín de la causa social católica. Del Sindicato, ya en 1940, pasó a la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, donde hasta su derribo hubo una popular y famosa tertulia, en la que se comentaba cuanto acaecía en el mundillo local, y de cuyos componentes aún quizá perviva alguno de los más conocidos. Para los más jóvenes diremos que en la parte de solar que daba a la Plaza se abrió más tarde el pasaje de San Isidro.

 
Puerta de entrada del desparecido bar “Casa Braulio”

En el número 20 se hallaba la carpintería de Ángel Chacón, conocido por "Pavola", que se ha mantenido como importante almacén de maderas de sus sucesores, los señores Fernández, quienes al mismo tiempo abrieron en la parte de local que da al exterior, un establecimiento de coloniales y licores conocido por Casa Fernández y a cuyo frente estuvo, hasta su muerte, don Gregorio Fernández.


A continuación seguía la taberna de "Madero", uno de los protagonistas de la famosa anécdota de la "mula cariñosa", y en el mismo local estuvo luego la carnicería del "Tranquilo", apellidado González, y a ésta siguió el bar "Casa Pedrucho", del que era dueño Pedro Fernández, que fue novillero, apoderado, empresario y siempre bien aficionado taurino, cambiando el primitivo nombre de bar "Mi Finca" y a cuyo frente estuvo hasta su fallecimiento, de forma repentina. En la actualidad sigue de bar con el nombre de Casa Braulio, con una gran clientela, predominantemente juvenil, y cuyo dueño preside la popular Peña "Los Cabezones".


En el número 22 estaba otra de las posadas de la Plaza, la llamada del "Caballo", que fue adquirida por el comerciante don Ponciano Montero, que fue quien construyó el actual edificio, siendo el primer destino de los locales de la planta baja el comercio y almacén de tejidos de "Los Sorianos", cuyos dueños eran Casajús y Jodra, en el que se produjo un importante incendio en el año 1927. Posteriormente se instaló en dicho local un establecimiento, también de tejidos de don Rafael de los Reyes y años más tarde la Sucursal del Banco Hispano Americano, hasta su traslado a la calle de General Aguilera, y al efectuarse éste fue ocupado por una conocida firma de calzados, Hijos de Pablo García. En la actualidad existe allí una tienda de ropa especializada en niños. En este mismo edificio, hace muchos años, estuvo instalada la Redacción y Administración del diario local "La Tribuna", que nosotros no llegamos a conocer.


En los primeros lustros del siglo, en el local correspondiente al número 23, se hallaba un establecimiento que tenía por razón social "Hijo de Timoteo Lázaro y su propietario era don Manuel Lázaro Arche, persona muy conocida y estimada, de gran popularidad, que fue alcalde de Ciudad Real en los años anteriores a la Dictadura del general Primo de Rivera o sea en los años veinte. El establecimiento estaba dedicado a curtidos y calzados y en este ramo continúan años después de la muerte del señor Lázaro. Como era un local amplio, al cesar el negocio de calzados se dividió en otros más pequeños, recordando haber estado en ellos los de Calzados "La Alicantina", el restaurante "La Criolla", la taberna del "Maño", pensión de Jacoba Mora y una moderna barbería de don Ángel Ruyra, que pasaría allí procedente del Casino de Ciudad Real, donde no prosperó por cierto.

Cecilio López Pastor. Pequeña historia local: Ciudad Real, Medio siglo de su comercio. Ciudad Real 1986


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