jueves, 9 de febrero de 2017

COMERCIOS DE LA PLAZA MAYOR EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX (III Y ULTIMO)



Y ya damos un salto y pasamos a los portales considerados como principales, por su mayor concurrencia de personas que diariamente pasan por ellos. En la esquina de la Plaza y Cuchillería existió una tienda de comestibles que fue del llamado "Tío Chaval", al que según cuentan, unos "maletas" como los que ahora buscan oportunidades taurinas, que eran cortos de talla, subidos uno encima del otro, sacando el último una baraja y de ella la carta con el siete, dijo: «El siete quita la muestra» y se llevaron la hermosa bacalada que tenía colgada en la puerta, cosa entonces corriente para anunciar que allí había un establecimiento de comestibles. Come se ve no faltaba el buen humor ni los golpes de gracia por aquellos años felices. En ese mismo local estuvo el primer establecimiento de comestibles de don José Navarro Carrillo, allá por el año 12. Fue también "Tercera", o sea venta de estos timbrados y tabacos, teniendo por dependiente al popular Pío, que además tocaba el contrabajo o violón y al que recordamos en los últimos tiempos del cine mudo, en el Teatro Cervantes de la calle de Alarcos, cuando por dos perras gordas (20 céntimos) íbamos los estudiantes del Instituto a "gallinero", como se llamaba popularmente a la entrada general. Que también, creemos, que antes de la Tercera el Bar Relámpago, de los hermanos Mur. Ya, más reciente, establecimiento de la familia Castro, con diversidad de artículos de fotografía, pintura, papelería, etc. En la actualidad es ocupado por el moderno establecimiento dedicado a Óptica Apolo.




Pasamos al número 29, donde estuvo muchos años la carnicería de Santos Quintanilla y de su hermano Paco, bastantes años asesor taurino de la plaza de toros de Ciudad Real. Santos Quintanilla, hombre de gran envergadura y un vientre voluminoso, había sido protagonista de no pocas anécdotas, que ahora no son del caso recoger. Pero si queremos señalar que el caricaturista Domingo Pozo, en "El Pueblo Manchego", tuvo la genial idea de presentar la caricatura de este carnicero en una línea vertical y una curva que cortaba la primera; fácilmente se echaba de ver que era la gran barriga asomando a la puerta del establecimiento. En este mismo local estuvo algunos años un salón de limpiabotas de Ramón Broceño, gran aficionado taurino y mejor persona. Después se instaló allí "Radioga", establecimiento dedicado a radio y televisión, máquinas fotográficas, etc.



Seguía a continuación un pequeño comercio de juguetería, en el número 30, con muchos artículos -el slogan era de "Todo a 65'= a precios realmente económicos, pasando luego a ser "El Bazarico", que más tarde se trasladó a la calle General Aguilera. Existió allí también, creemos recordar que simultáneamente, pues el local tenía amplitud para dos negocios, tabique por medio, una "industria" muy solicitada: la de la Práxedes la conejera, negocio de temporada, pues ya es sabido que sólo podía exponer casi toda su mercancía en época en que estaba levantada la veda. Práxedes colgaba las liebres, los conejos y las perdices en la misma puerta, para llamar la atención de los compradores, y no falta quien asegura que al igual que los proveedores de la Real Casa, ella proveía de piezas a los cazadores que no habían sido muy afortunados durante la jornada, a fin de no pasar por la vergüenza de presentarse en casa sin un conejo o una perdiz en el morral. Un veterano aficionado a la caza, que también algún día tuvo que volver "boto" o "pablo", que de las dos maneras se conoce, nos ha referido que se comentó mucho que Práxedes vendió en una ocasión una liebre con el pelo negro, ejemplar rarísimo, como saben los cazadores. En esos mismos locales estuvieron un establecimiento del señor Cuesta y las pescaderías de Fabriciano Gambí y de José Miñano, esta última muy bien montada, y finalmente la Relojería Moderna, propiedad de don Angel Pérez Pineño, que aún subsiste traspasada a un familiar, Ángel Pérez Díaz.



Inmediatamente seguía la tercera posada de la Plaza, llamada de "La Fruta", quizá porque en ella se descargaban grandes seras llenas de productos de temporada, llegados de otras provincias y de pueblos como Malagón, excelentes frutas y otros artículos de huerta. Después, la vieja posada se transformó en moderno edificio, ocupando los bajos los Almacenes de tejidos "Domingo", propiedad de don Domingo Martin, traspasados después a don Manuel Pérez Ortega, que falleció hace unos años, y hoy es la Colchonería "La Única".



En los números 33 y 34, a partir de 1915, el segundo establecimiento de ultramarinos y coloniales -así se llamaban entonces los de alimentación- propiedad de José Navarro, en el que figuraba como encargado el popular Martin Soto. En la actualidad lo ocupa una moderna joyería con el nombre de "Gesemar".




Una conocida pescadería ocupó desde casi principio de siglo, los números 35 y 36 de la Plaza. Su propietario era Castillo, conocido por "El Curilla", quien por la mañana tenía un amplio puesto en el mercado de abastos ya desaparecido y por las tardes abría la tienda en los portales. Excelente merluza, apetitosos salmonetes, sabrosas gambas y langostinos, no tenían envidia la calidad de los pescados que allí se ofrecían con los de los mejores establecimientos del ramo. Silverio Castillo, hijo y sucesor, la mantuvo muchos años hasta que se trasladara al almacén de la calle de Borja, cuando ésta se urbanizó, y hasta su fallecimiento. Posteriormente el local estuvo destinado a la venta de helados y más tarde, construido nuevo inmueble, lo ocupa la Corsetería Marto.




El número 37 estuvo dedicado desde el siglo pasado a comestibles. Fue el año 1837 -según nos confirmara en su día don Lorenzo Montero- cuando Nicolás Buiza se estableció en dicho local. Ponciano Montero, un patriarca luego del comercio de finales de siglo, casó con la hija de Buiza y amplió y mejoró el negocio, que siguiera luego su hijo antes citado. Aún recordamos un gran molino de café, situado en uno de los laterales del establecimiento, que fue destrozado cuando la "revolución" del aceite, el año veinte. Posteriormente, en el año 1946, en noviembre, se estableció con tejidos, don Fulgencio Sánchez de la Nieta, al que puso acertadamente el nombre de "Almacenes Los Portales", pues por algo están situados en el centro de los mismos, y que aún siguen dirigidos por su hijo Antonio.



En el número 38 existió, también a principios de 1900, al carnicería de Josico, apodado "El Tuerto" y después la de Domingo Cantero, a quien se le conocía por "El Pajarillo", cuya mujer, Victoriana, con su mandil blanco, tenía fama de cortar los filetes como nadie. Cuando esa misma familia cesó en el negocio de carnes, instalaron un bar muy popular, al que pusieron de nombre "Bar Pajarillo", y que además tenía habitaciones para dormir. Luego fue traspasado a "Roszuri", establecimiento de pastelería, que aún se mantiene con el nombre de pastelería Cruz, hallándose en el principal la Fotografía Morales, un veterano objetivo, que en los años treinta compartió con nosotros las tareas de la Prensa, en el diario "El Pueblo Manchego".



Y llegamos al número 39, que para el que escribe tiene no pocas razones sentimentales. En esta tienda -como por entonces se llamaban- hubo desde principios de siglo comestibles, bajo la razón social de Gumersindo López, uno de los tres o cuatro "grandes" del citado ramo por aquellas fechas, se sucedió su sobrino Manuel López Escribano, que murió muy joven, no obstante lo cual logró un nombre comercial muy estimable. En el verano, no faltaba la habitual tertulia de amigos en la acera, hasta la hora del cierre, que se hacía muy tarde, en espera, sin duda, de los clientes rezagados. Cuando Manuel López, gravemente enfermo, hubo de traspasar el establecimiento el año 1920, lo hizo a otro comerciante de Fernáncaballero, Dulce Ramírez, que tampoco fue muy eterno desgraciadamente. Y así se sucedieron hasta llegar a Julio Niño.



En los números 40 y 41, el primer negocio que recordamos fue la Ferretería "La Uña", propiedad de José Bermejo, al que sucedió su hijo Luis, y al que los aficionados taurinos de cierta edad recordarán, por haber sido el apoderador del novillero Agustín Díaz "Michelín", cuando este se iniciaba en los ruedos, enseñándonos a cantar el pasodoble del torero. El establecimiento de ferretería estaba muy surtido y era costumbre poner en la puerta, junto a otros artículos del ramo, una torre de cubos de chapa, pues por aquel entonces no se había inventado el plástico. Posteriormente, en el año 36, en abril o mayo, fue traspasado el local, instalándose el "bar Maripaz", moderno y con mucha calidad en bebidas, al que siguió el Bar Esteban, nombre de un veterano camarero del antiguo Bar León, como había ocurrido con Trino, que lo hizo en la calle Carlos Vázquez. En la actualidad ocupa el local "Helados Morán", que en el invierno alterna con juguetería. Consignemos que la antigua ferretería llegó casi a ser centenaria.
Otro establecimiento muy antiguo es el que existe en el número 42. Fue el año 1859 cuando se instaló en dicho local Antonio del Mazo, llegado de provincia castellana vieja, con salchichería, carnicería y jamones de excelente calidad, sobran de pronto fama las salchichas de Mazo. La razón social no ha cambiado, si bien se fueron sucediendo distintos familiares al frente del negocio. La mayoría de los dependientes provenían también del pueblo originario del fundador de la casa.




Actualmente en el 43 se halla un establecimiento de Cafés '" Barrenengoa, propiedad de don Alfredo Pérez Serrano, que mantiene el buen nombre de casa tan antigua y la calidad superior de sus productos. Este local, desde muy antiguo, estuvo dedicado a despacho de turrones y mazapanes de Vicente Planelles, que echaba el ancla en Ciudad Real, procedentes de su Levante natal, allá para los Santos terminaba bien pasados los Reyes, aunque años más tarde ya se estableciera aquí, definitivamente con heladería. Nos han informado que el Planelles citado venía desde niño a Ciudad Real, acompañando a su padre, también dedicado al negocio de turrones.



El 44 fue ocupado por Santiago García como carnicero, que se había independizado del antes citado Antonio del Mazo, al que sucedió luego Ventura el pescadero, que en alguna ocasión fue empresario taurino, y desde el año 33 por la cervecería Julio, que despachaba la caña de dorada y fresca cerveza de barril a 25 céntimos y a 30 con un sabroso aperitivo. Claro que por aquellos tiempos un barril de acreditada marca valía doce duros. Le sucedió un familiar, que puso el Bar Ferroni y posteriormente el bar "El Nido". En la actualidad, el local está ocupado por Florería "Santa Elena".


En el número 45, entrada particular al domicilio del señor Bermejo, estuvo bastantes años una representación cinematográfica y alquiler de películas a nombre de Tomás Martínez. En este portal tuvo muchos años un puesto con alguna caja de pescaos, castañas y patatas asada, los Montoro, más conocidos por "La Perico".

Donde ahora se halla la expendería de tabaco conocida como "La Tercera", también administración de lotería, hubo un bazar llamado del "Real y medio", en el que también se vendían juguetes de calidad. El primero que instaló allí la venta de tabaco fue Marti Martínez, al que sucedió por los años treinta Manuel Espadas Bermúdez, trágicamente desaparecido, en unión de sus dos hijos, en el año 36. El estanco lo regentó muchos años Luis Salinas, que también se ocupaba de la venta de lotería y en la actualidad así sigue con otro propietario.


En el portal que sigue, donde ahora se halla una armería, estuvo muchos años el popular Toribio Jiménez, que se preciaba tener la mejor fruta de Ciudad Real y por ello había de ser la más cara. En el invierno no faltaba el puesto de castañas asadas. En el mismo portal trabajaba muy bien el esparto Josico "El espartero". Luego estuvo una tapicería.

En el 48 y 49 recordamos la churrería de Carmelillo, la lechería de Mac Kinley y después la frutería de Peña, que se mantiene actualmente. Y en el otro hueco, el bazarico de Antonio, la carnicería de los hermanos Rincón, conocidos por "Matacabras", y la taberna de José Guerrero "El Válvula", que tenía en un testero su verso y todo: "Vive Dios que es grandeza, a peseta la botella de cerveza". Después de la frutería de Modesta y en la actualidad la pescadería de Justino.


Y ya ponemos fin a esta larga relación del comercio de la Plaza con el número 50, donde ahora se hall el "Bar Quijote", que ha pertenecido, por traspaso, a varios industriales del ramo. Fue comercio de la llamadas "Viudas", donde se despachaban múltiples artículos, pero con la especialidad del queso manchego en aceite. Por cierto que queremos recordad que en la puerta tenían un campanilla, a modo de tarjeta de visita, que anunciaba la presencia de un cliente. Las sucedió Manuel Novés, que fue alcalde de Ciudad Real, con la misma modalidad de negocio. El inmueble era propiedad de Encarnación Sánchez, en él tuvieron varias actividades, entre ellas el llamado "cuarto de corredores".

Cecilio López Pastor. Pequeña historia local: Ciudad Real, Medio siglo de su comercio. Ciudad Real 1986


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