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viernes, 5 de abril de 2024

LA CIUDAD DEL SILENCIO

 



¿Dónde está la ciudad encantada y encantadora del silencio, sino absoluto, por lo menos relativo?

¿En qué lugar de la madre tierra, en las capitales y los pueblos, por sus plazas y calles no se oye, el trepidar de los motores, el estridente ruido de los clásons y de las bocinas el estruendoso clamoreo?

El mundo se ha achicado, ya no existen distancias y con la velocidad del rayo mismo, cruzan del uno al otro confín, los rapidísimos coches de turismo, los grandes camiones y camionetas que cruzan las calles, plazas y carreteras de las extensas urbes y de los antes silenciosos pueblos pequeños.

Los campos manchegos, nuestras famosas llanuras se ven a cada instante casi sin interrupción alguna, cruzados por los monstruos modernos que con sus ruidos rompen su augusto silencio, además de levantar nubes de polvo cegadoras para el viandante.

¿Qué digo del estruendo de las ciudades y aldeas, carreteras y caminos, si a la vez por los espacios altísimos se escuchan los estruendos motores de majestuosos aviones, que si a pesar se ven, o dejan de hacer trepidar hasta los suelos?

Ciudad Real, que era hace poco, tan silenciosa se ha convertido en un verdadero infierno, con tanta circulación de toda clase de vehículos, que ensordecen al pacifico transeúnte callejero, y al estudioso ciudarrealeño, que se dedica en su casa, en su despacho a los arduos quehaceres cotidianos.

¿Debemos olvidar a los carruchos de los toldos remendados, de los yeseros de Carrión, a las escandalosas carretillas, sobre todo las de hierro, con las ruedas del mismo metal?

 



¿Y a las motos, bicicletas que sus fuertes resoplidos las primeras y bocinas las segundas rompen el tímpano de nuestros oídos?

¿Y qué decir de las bandas de gamberros que cruzan las calles y plazas metiendo todo el ruido posible?

¿Y de los futbolistas callejeros que no sólo vociferan, sino que también ponen en peligro la integridad física de nuestras personas?

¿A que continuar enumerando todo lo que contribuye a convertir a Ciudad Real en una ruidosa población?

En las famosas urbes europeas y americanas se están haciendo por las autoridades competentes verdaderos esfuerzos para aminorar, ya que fuera imposible suprimir tales ruidos, incluso el alcalde de Madrid, ha publicado bandos sobre este tema agobiador.

Por eso empezaba este articulo preguntando que, dónde estaba la ciudad del silencio.

Ya el poeta dijo: “SOLO EN LA PAZ DE LOS SEPULCROS CEO” y es verdad que únicamente en las necrópolis o cementerios se puede gozar del ansiado silencio que calme nuestros nervios y da la paz física y espiritual a las atormentadas almas.

Para eso está como caballeros del silencio, la guardia rígida de los cipreses.

 

Emilio Bernabeu, diario “Lanza” viernes 5 de agosto de 1955

 



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