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sábado, 6 de abril de 2024

LOS BARECILLOS Y EL PEQUEÑO COMERCIO (I)

 



Al calor de la media mañana, el aperitivo o la sobremesa, los barecillos de Ciudad Real cumplen, sin lugar a dudas, con un servicio social. Es un lugar común -y nunca mejor dicho- que en Ciudad Real la tradición de bares es una constante en su vida urbana y social, y una costumbre practicada por todos los ciudarrealeños: ¿quién no ha tomado una ración de setas alguna vez, o unas tapas de pisto en uno cualquiera de los establecimientos catalogados justamente como típicos en nuestra ciudad, o de aquellos que tienen el gusto de pasar por aquí. o la necesidad de hacerlo?

Recuerdo, y creo que recordamos todos bares o tabernas como la de "Paco" en la Plaza Mayor, que tocaba la guitarra flamenca divinamente, lugar del vinillo y la tapa de bacalao; o también la taberna de "El Sótano", en la esquina de la calle Libertad con Cardenal Monescillo, con sus arenques salados y su insuperable pisto picante, el choricillo frito y los refrescos; como también el "Salivilla", increíble lugar de encantamiento manchego de raíz, con sus patatas asadas; o como el "Candi" viejo, mesón para probar sartenes enteras de gambas a la plancha a un precio hoy impensable; el "Culo Lana" de somarros y guitarras, y el "Ferroni" familiar...; como también "los Alféreces", que atraían a la adolescencia más enamoradiza, con sus vermouts y sus primeros combinados, y sus bailes tirando, por supuesto, a ye-yés; y en fin, como algunos otros, como el "Granito de Oro" y sus "piensos"... vamos a decir barecillos, que ya no podemos contar con ellos desgraciadamente, pues mucha juventud universitaria disfrutaría de ellos con más "locura" que de otros más "civilizados" y aparentes.

Es de justicia hacer mención de algunos que quedaban, como "El cangrejo", "El Hidalgo", "El Braulio", "Los faroles", "El arqueólogo", "El flamingo", "Casa Benjamín" o "Casa Lucio", con lo que podemos decir, entre "todos, una veintena por lo menos gozan de la asiduidad de una buena parte de la población por ser céntricos, pero que en cada zona de la capital, o de los siete u ocho barrios principales, por lo menos tres o cuatro barecillos con solera, de café, cerveza y tapas, no faltan en Ciudad Real; así el "Anatoly" de Los Ángeles.



La mayoría son bares a cuyo frente está su propio dueño, siendo la cocina y el café los principales atractivos y la charla amistosa el extremo más agradable, y el buen café la mejor excusa para arribar siempre a buenos puertos.

Es denotar que en Ciudad Real, no se da la costumbre de otras grandes o pequeñas poblaciones de "estar" en el local. Tanto en poblaciones agrícolas o ganaderas como en ciudades industriales de nuestra región, como Talavera de la Reina o Manzanares, es una acostumbre pasar largos ratos al amor de una consumición, sitios para hater espera o lugar donde citarse para algún negocio. Este no es el caso de Ciudad Real, lo que lamentamos.

La clientela -que desborda muchas veces el propio servicio- es comprensiva y leal, lo que demuestra, una vez más, que el espíritu ciudarrealeño es ciertamente extrovertido, habiendo lugar para la terna de la risotada curiosa y la resuelta seriedad de muchos paseantes.

La clientela -que desborda muchas veces el propio servicio- es comprensiva y leal, lo que demuestra, una vez más, que el espíritu ciudarrealeño es ciertamente extrovertido, habiendo lugar para la terna de la risotada curiosa y la resuelta seriedad de muchos paseantes.

 

Damián Manzanares Peco. Diario “Lanza” domingo 3 de mayo de 1992

 


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