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jueves, 1 de agosto de 2019

ASI VIVIÓ CIUDAD REAL LA PANDORGA DE HACE VEINTICINCO AÑOS EN 1994



Quien inventó la Pandorga nunca pudo imaginar el auge que tomaría con el devenir de los años; un auge que este 1994 que acabamos de vivir ha batido todas las marcas históricas que recuerde memoria alguna.

Y es que la fiesta de la Pandorga, felizmente recuperada por los años ochenta por animosos peñistas amantes de las tradiciones de su pueblo y de sus gentes, se ha convertido en santo y seña festivo de unos "culipardos " felices que esperan el último domingo de julio como los agricultores, al menos los de antes, el agua de mayo.


LA PROCLAMACIÓN

Pero como quiera que todo rito tiene su principio y final, bueno es que principiemos por el principio, que otra cosa sino, y vayamos desgranando todo lo que esta movida festiva depara a propios y a extraños, que cada año acuden en mayor número a vivir este "húmedo ", por lo que se bebe por dentro y por fuera, y desenfrenado evento.

La cosa comienza a calentarse con la proclamación del Pandorgo y de su dama, la Dulcinea, distinciones que este año 1994 recayeron en Luis Martínez Solís y Almudena Biedma. Preciosa ella y más bien tirando a feo él, como deben ser estas cosas. Tuvo lugar en la Plaza Mayor y a la misma asistieron numerosas personas, unas, las que más, de la casa, y otras, llegadas de allende de las fronteras geográficas provinciales e incluso autonómicas.


Luis Martínez, al que le impuso la medalla de Pandorgo su antecesor, Vicente Calatayud, dijo que" me siento orgulloso de ser "culipardo" y manchego, ya que la manchega es una raza de gente sencilla y llana que ama sus tradiciones y costumbres, por lo que le pido a la Virgen del Prado que nos haga solidarios y fuertes para luchar por lo nuestro sin olvidamos de los demás".

Por su parte, Nicolás Clavero, el alcalde ciudarrealeño, aseguró que " cada año tiene más auge la Pandorga y por ello los grupos municipales han decidido que este año salgan también los toros de fuego, pero mucho cuidado porque los de este año son de tilla ganadería muy brava y si alguno se acerca demasiado a ellos podría llevarse una sorpresa muy desagradable".

Lo de los toros venía a cuento porque el año anterior habían provocado algunos incidentes y este año los ediles capitalinos, siempre preocupados por la salud de sus vecinos, querían eliminarlos del programa festivo. Los jóvenes se negaron a ello y los del consistorio, al fin siempre benevolos, accedieron a la petición. Pelillos a la mar y toros de fuego a la calle, corridos afortunadamente gloriosos de presentación y colorido y sin que dieran ningún tipo de derrote extraño, -si acaso algunas leves contusiones, quemaduras de más o menos enjundia y fundamentalmente intoxicaciones etílicas, muchas y variadas, pues tal parece que es el " leit motiv " de esta fiesta-o pese a que los mismos fueron corridos por cerca de diez mil jóvenes y menos jóvenes.


LA OFRENDA

Pero no todo es pagano y desmadradamente bebible en la Pandorga ciudarrealeña, también tiene su lado litúrgico, habida cuenta de que tras la proclamación del Pandorgo y de la Dulcinea anual, estos en compañía de los pandorgos de años anteriores, representantes de las peñas y de otros pueblos, grupos folklóricos, corporación municipal, invitados especiales o no tanto y otros estamentos sociales, civiles y militares, todos, o buena parte de ellos, ataviados con indumentaria típica o en su defecto luciendo el clásico pañuelo de hiervas, realizan uno de los actos que cuentan con más solera: un desfile hacia la catedral que culmina ante la Virgen del Prado con la ofrenda de flores, frutos y productos del campo: Bonito y emotivo acto, siempre secundado por el devoto pueblo llano y los curiosos que nunca faltan a tales eventos festivos.


Acabado el acto, el Pandorgo convida a "limoná" y "puñao" en la misma explanada que hay delante de la catedral, o sea, en el Paseo del Prado. Y luego se inicia la fiesta en sí, con bailes de los grupos participantes en el Festival de la Seguidilla, genuino festival ciudarrealeño ya célebre en todas las latitudes y el baile popular en la Plaza Mayor.

LA PLAZA MAYOR

Es en la Plaza Mayor, -siempre hermosa y carismática para los "culipardos", pese al destartalado estado en el que el tiempo, los "gustos" arquitectónicos de algunos y, en fin, la desidia de unos y otros la han ido dejando en los últimos años, donde se desarrolla el fuerte festivo. Más que Plaza Mayor es un gran chiringuito repleto de chiringuititos que se extienden por calles, pasajes, plazuelas y recovecos adyacentes y aún más lejanos lugares.


Es la fiesta de la "priva" y tanto dá que el buen Pandorga de tumo invite en mayor o menor proporción a la típica limoná, ya que el que más y el que menos acude a la fiesta con la sana intención de beber más que el otro, poniéndose morado de caldos propios y, fundamentalmente, extranjeros,- tal es el  poderío colonialista que las otras tribus europeas, sobre todo las anglosajonas, siempre ellas, han realizado en nuestras yermas tierras-, con escocés mezclado con la invitable "chispa de la vida ", inevitable y poderoso invento de la "yankilandia " feliz, por montera, y nunca sabrán, si no han vivido in situ tal efemérides, hasta que punto lo de la montera es real como la vida misma. Mozas y mozos, felices y mundanos ellos, llegan a tal situación etílica que acaban arrojándose por la cabeza los" lingotazos " pedidos a los sufridos "cámaras". Vamos, que la fiesta "pandorguera " acaba convirtiéndose en pequeña ducha generalizada de al menos quinientas "pelas" el remojón. Una auténtica delicia, con la escasez de agua que hay en estas calendas manchegas. Claro, que por lo mismo, lo de la ducha limpiadora siempre quedará un tanto condicionada.

Y es que la Pandorga es e o, una pura fiesta bien humedecida, por dentro y por fuera, y con alguna que otra pelea de machos o hembras que aunque no estén en celo acaban poniéndole el pellizco de sal necesario.

J.B. y DIAZ – PECO. Revista “Bisagra” Número 337, del 6 al 12 de agosto de 1994


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